01 de diciembre de 2017
01.12.2017
El ruido y la furia

Sexo débil

La RAE se ha visto empujada por una mujer a revisar el término ´sexo débil´, y declararlo "despectivo y discriminatorio"

01.12.2017 | 05:00

Siempre he dudado de la inocencia de las palabras, porque sé, a fuerza de usarlas, que como a cualquier arma las carga el diablo. Las palabras nos reflejan, nos retratan, dicen quiénes somos en cuanto bajamos la guardia de la autocensura y las dejamos salir con libertad.

Así, quien inventase aquello de ´sexo débil´ para referirse a las mujeres era (sin lugar a dudas y entre otras muchas cosas), un cursi insoportable que probablemente nunca había visto una mujer. Porque quien alguna vez ha visto una mujer, quien se ha detenido siquiera un instante a observar la carga que soporta, el esfuerzo que hace, las dificultades que supera, jamás podría decir que es débil, y tendría que convenir, en todo caso, que nunca hubo una debilidad más inmensamente fuerte.

Sobre los hombros del mítico Atlas descansa el cielo, pero Atlas se apoya sobre Gea, la Tierra, su madre, y sin ese soporte el cielo y el mismísimo Altas se hundirían en el vacío. Ya se sabe que los mitos están ahí para enseñarnos lo esencial, y si no aprendemos es, quizás, porque no queremos aprender.

De la mujer que camina conmigo desde aquellos días en que nos guiábamos por el instinto, en que solo era seguro tener su mano sobre mi mano, he aprendido yo las mayores certezas de mi vida, la fuerza paciente de la entereza, la claridad profunda del amor y la firmeza de saber esperar serenamente. Sin ella nunca hubiera sido el hombre que soy y no sé si hubiese llegado a ser nada. Todo lo que escribo, todo lo que hago, es por la recompensa de volver a ella cada día.

De la mujer que sigue mis huellas hollando el espacio con las suyas propias, la que canta lo que yo he cantado y al mismo tiempo inventa su propio idioma de adjetivos relucientes y memorias emotivas, la que llena mi casa de una risa capaz de desbordar los cielos y esconde entre mis libros los versos que no escribe porque aún le sobra tiempo y le faltan prisas, he aprendido la evidencia de saber que puedo irme tranquilo porque lo importante ya está hecho aunque nunca hiciera nada más.

Y de esas otras mujeres que me acompañan algunos tramos del camino, que me dejan mirar al fondo de sus ojos y participar del lado secreto del mundo, ese lado femenino y noble, afectuoso y sabio, he aprendido mucho sobre la confianza y el respeto.

Y si ahora la RAE se ha visto empujada por una mujer a revisar el término ´sexo débil´ y declararlo «despectivo y discriminatorio», ya iba siendo hora aunque sea tan tarde, aunque a estas alturas solo los cursis y los tontos sigan diciendo ´sexo débil´.

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