31 de diciembre de 2017
31.12.2017
Sol y sombra

Borsalino, poca cabeza en la gestión

El mito de uno de los sombreros más famosos de la historia se tambalea tras la quiebra de su fabricante

31.12.2017 | 05:00

Borsalino, el legendario fabricante de sombreros italiano que ha estado cubriendo las cabezas de las estrellas de Hollywood y de los famosos del mundo, se halla en la bancarrota. Tras una gestión desastrosa, el pasado día 18 la empresa fue declarada en quiebra por un tribunal de Alessandria, Piamonte, donde la casa había sido fundada en 1857 por Giuseppe Borsalino, un fabricante que antes de regresar a su ciudad natal trabajó durante algunos años en Berteil, le grand chapelier de París. Se dice que el viejo Borsalino, buen sombrerero y muy astuto, se las arregló para copiar la técnica del inglés Battersby durante una visita a su fábrica, y desde ese momento pasó de tener un pequeño laboratorio a convertirse en uno de los fabricantes más prestigiosos del mundo. De hecho sus sombreros todavía se fabrican siguiendo prácticas artesanales, con máquinas que podrían figurar en un museo de la era industrial, como la soffiatrice (sopladora), de mediados del siglo XX que se usó para mezclar la piel de los sombreros.

La verdad es que Borsalino nunca dejó de vender sus exclusivos sombreros durante sus más de 150. Últimamente se cuenta que la demanda había crecido, no tanto gracias a los clientes más chic, pero siempre sostenidos por la comunidad religiosa judía. Su principal mercado es Israel. En cualquier caso ha sabido mantener la fidelidad de clientes dispuestos a pagar alrededor de 300 dólares por uno de sus sombreros. Confecionarlos, dependiendo de los materiales que se utilicen, lleva no menos de un mes y puede pasar medio año hasta estar listos.

¿Con tanta demanda cuál sido entonces el problema? Malísimas finanzas, según se ha puesto de manifiesto estos días atrás. Las buenas ventas no han servido para contrarrestar la ruinosa gestión. En 2013, la compañía perdió casi 22 millones de euros, y los ingresos cayeron un 11 por ciento, insuficientes para hacer frente a las deudas. Dirigida mayoritariamente desde Alemania por el financiero Marco Marenco, acusado de fraude y de evasión fiscal, la firma pidió protección de acreedores pero no le fue concedida.

Borsalino dio la vuelta al mundo vistiendo cabezas de gángsteres famosos, empezando por el propio Al Capone, uno de sus más distinguidos clientes. El cine inmortalizó la marca incluso con una película del mismo nombre dirigida por Jacques Deray, que se estrenó en 1970 con Alain Delon y Jean-Paul Belmondo, en los papeles de Roch Sifredi y François Capella. Humphrey Bogart lo utilizaba con frecuencia, mismamente en Casablanca, al igual que Ingrid Bergmann. También lo hizo con prestancia inhabitual Johnny Depp, en Enemigos Públicos, dando vida a John Dillinger. Es el sombrero, modelo fedora, de Indiana Jones y de tantos otros personajes populares de la pantalla.

La nómina de clientes que han llevado en sus cabezas fedoras y borsalinos de fieltro, hechos con pelo de conejo, y cintas Petersham, es inagotable. Ahora, todo un mito se tambalea.

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