03 de enero de 2018
03.01.2018
Soserías

¿Sociedades creativas?

03.01.2018 | 05:00

Ha sido el mismo rey quien ha utilizado, en su pasado discurso navideño, la expresión de ´sociedad creativa´ para aplicarla a Cataluña. Administra así el monarca la lisonja a un territorio donde unos montaraces caudillos tienen por costumbre dar un golpe de Estado con una cierta asiduidad en la historia. De ahí que se adule a ese personal bravío con la esperanza de que acabe comportándose civilizadamente y con respeto al resto de los españoles.

No siendo este lugar para la polémica política, sí quiero decirle a don Felipe que las ´sociedades´ no son creativas, que los ´creativos´ son determinados individuos, personas tocadas con la gracia del ingenio, la inteligencia, la capacidad de innovación o la inspiración artística. ´Creativo´ es el señor que inventa la fregona y libera a millones de mujeres de la humillación y el calvario de limpiar, arrodilladas, el suelo. ´Creativo´ es el investigador físico, el que logra avances en las ciencias de la salud, de las matemáticas, de la tecnología avanzada ... ´Creativo´ es Salvador Dalí, Pío Baroja o Isaac Albéniz y así seguido. Son pocos y escogidos, el resto de la sociedad está compuesto por personas rutinarias.

Pero, ojo, bendita sea y ensalzada esta condición de rutinario. Porque a este grupo pertenecen la oftalmóloga que, al operarnos de las cataratas, disuelve nuestras nieblas e inseguridades; la fisioterapeuta que nos libra de un dolor en un codo que nos está amargando la vida; el fontanero que nos resuelve el problema de la ducha; el mecánico que garantiza la seguridad de nuestro coche; el juez que logra poner concordia entre varios litigantes; el comerciante que abastece su tienda con los productos que consigue comprar a horas tempranas en los mercados mayores, etc.

Es decir: loa a las rutinas profesionales pues nos permiten vivir de forma cómoda, segura y confiada. Nada más y nada menos.

Si la creatividad es algo tan cicateramente administrado, no podemos decir, señor monarca, que una ´sociedad´, así en su conjunto, es ´creativa´ porque ´creativos´ son –tal como estamos viendo– algunos, muy pocos, de sus individuos. Por ello evite su majestad hacerse el simpático afirmando que la sociedad de Tarragona es creativa porque no lo es ni tiene por qué serlo: basta con que sea laboriosa y honrada. Ahora bien, un señor de carne y hueso de Tarragona puede ser ´creativo´ pero lo mismo que una señora de Córdoba.

Esta sabia forma de entretejer las grandes inteligencias y la labor de centenares de profesiones rutinarias es lo que garantiza que la sociedad camine erguida y sosegada y que no se produzcan disturbios de orden público de molesta consistencia.

Se suele contar la anécdota del joven político que, ganador de unas elecciones en su país, se encuentra ante la tarea de formar gobierno. Prudente, se le ocurre acudir al consejo del viejo compañero que está ya en la rampa de salida. Y de él oye la siguiente advertencia: «busque usted personas inteligentes para dos o tres ministerios; para el resto, cuanto más burros, mejor».

Tocqueville, en sus Recuerdos de la revolución de 1948, se permite una maldad de mucha enjundia referida a otra categoría de sujetos que pueblan villas y ciudades: los mediocres. «No es que los desprecie –decía el pensador francés– pero los frecuento poco; los trato como a los lugares comunes: los respeto porque rigen el mundo pero me aburren profundamente».

Y así es porque en efecto el mediocre es quien cultiva el topicazo, ese individuo previsible y predecible de quien siempre se sabe de antemano la respuesta o comentario.

Un sujeto que suele tener una gran presencia en los espacios vacíos de la irrelevancia.

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