21 de febrero de 2018
21.02.2018
Sol y sombra

La marcha de Marta

21.02.2018 | 05:00

España necesita más un presupuesto que un himno pero Marta Sánchez ha despertado el viejo anhelo patriótico de una letra para poder cantar en condiciones la Marcha Real. De hecho, ya le están pidiendo que sea ella misma la que la interprete en la final de la Copa del Rey para contrarrestar la beligerancia hacia los acordes nacionales en los estadios. Cuando se desatan los perros de la guerra debemos ir donde nos llevan. Hay que admitir que un himno vigorosamente cantado resulta mucho más intimidante que una marcha mal tarareada. Sobre todo si el origen es guerrero. Lo sabía Joseph Rouget de Lisle cuando compuso su canto para el ejército del Rhin. Y también Godofredo Mamelli, pensando en los garbaldinos y la unificación italiana. Hay cantos patrióticos inamovibles y otros que han tenido interesantes réplicas a lo largo de la historia. El formato de "The Star Spangled Banner", el himno de los Estados Unidos fue intocable hasta que llegó Marvin Gaye y la dio la vuelta como si se tratara de un calcetín. Desde entonces lo versionea cualquiera. Pero los himnos tienen que ser o vibrantes o solemnes. Napoleón Bonaparte, que no entendía mucho de música y tampoco la apreciaba demasiado, le dijo un día a Cherubini que los acompañamientos de sus partituras resultaban demasiado sonoros, y el maestro le respondió que era consciente de que su majestad el emperador prefería un tipo de música que no le impidiese pensar en los asuntos de Estado. Digamos que el estruendo de los cañones era la partitura favorita del pequeño gran corso. Los cañones son los primeros que acompañan a los perros de la guerra. El nacionalismo español ya tiene quien le escriba.

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