22 de febrero de 2018
22.02.2018
Inventario de perplejidades

La reaparición de García

22.02.2018 | 05:00

El acontecimiento periodístico de la semana pasada fue la reaparición en dos programas de la Sexta de José María García, el que fuera muy popular locutor deportivo en el último tercio del siglo pasado (según él mismo cuenta, dejó los micrófonos en 2002 por presiones del Gobierno que presidía Aznar sobre el grupo de comunicación en el que trabajaba). En uno de esos programas fue entrevistado por Jordi Évole, que lo presentó como ejemplo de informador incisivo, de esos que se atreven a contar lo que otros callan por temor o por prudencia. En fin, esos que no se casan con nadie.

Y para confirmar esa legendaria fama, el entrevistador le animó maliciosamente a que relatase alguna experiencia sobre malos (y posiblemente delictivos) influjos del poder político o financiero sobre los medios. García permaneció un momento en silencio, y luego contó el caso de un importantísimo financiero que le reconoció haber pagado comisiones a políticos para conseguir obra pública con la que sostener a una plantilla de miles de obreros. Évole, a la caza de una revelación sensacional, insistió en preguntar si ese financiero pudiera ser Villar Mir pero García, que es perro viejo, ni confirmó ni desmintió aunque sí avanzó que uno de los apellidos empezaba por V y el otro terminaba por R. Una cautela que no le evitó ser citado al día siguiente por el juez de la Audiencia Nacional Manuel García Castellón. García tenía la oportunidad de contribuir decisivamente a erradicar la corrupción que nos agobia confirmando si era Villar Mir, u otro pez gordo parecido, el financiero que compraba favores políticos en la contratación de obra pública, pero prefirió pasar de largo y atribuir toda la responsabilidad a Évole. A falta de saber en qué parará la investigación judicial, la entrevista en la Sexta nos trajo otras dos sorpresas. Una, la intervención del Rey emérito, Juan Carlos de Borbón, para elogiar la clase de periodismo que su amigo García representa.

Y otra, la comparecencia de Juan Ramón de la Morena, un locutor deportivo que fue uno de los máximos detractores de su forma de entender la radio, que se avino incluso a darle la mano ante las cámaras. Una reconciliación que no debería sorprender demasiado ya que De la Morena, de tanto criticar a García, acabó por parecérsele bastante en modos y maneras. Al margen de todo eso, García o Supergarcía fue un fenómeno social que aún hoy tiene imitadores. Su reinado comenzaba a las doce en punto de la noche y una legión de insomnes lo seguía hasta la madrugada, mientras fustigaba los vicios que supuestamente aquejaban a toda clase de deportes y en especial al fútbol.

Aunque el caso más sonado, y que le valió más fama, fue la denuncia de la corrupción en la Federación Española, donde descubrió, tras intensas investigaciones, que el chofer de su presidente, Pablo Porta, sacaba el perro a mear. Intolerable uso del dinero público, bramaba García, y la gente le aplaudía por valiente.

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