08 de abril de 2018
08.04.2018
Zona press

Mi república independiente

08.04.2018 | 05:00

Qué divertido es viajar. Ver otras ciudades, patearlas, disfrutar de sus sitios históricos, de su propuesta cultural y, por supuesto, de sus restaurantes. Es divertido aunque a veces repitas los mismos lugares. Nos pasa con Bolonia, y es que esas playas para quien le guste la playa, son espectaculares. A mí me gusta más 'Las Rejas', el restaurante más famoso de la zona, del que disfruto tela aunque siempre coma lo mismo. También nos pasa con Madrid. El abanico de posibilidades culturales y gastronómicas que ofrece la capital es muy difícil de igualar. Y siempre te da para dar una vueltecilla de tiendas.

Ahora bien, cuanto más viajo y mejor me lo paso, debo confesar que más echo de menos mi casa. No sé. Será que me he vuelto un comodón o simplemente que me hago mayor. O también que después de la reforma que hemos hecho en casa, reforma que ha durado diez meses y que todavía no hemos terminado del todo, Ana la ha dejado tan bonita que da gusto estar en ella. Y mira que nosotros cuando viajamos vamos a buenos hoteles o apartamentos turísticos, que tan de moda están, que son monísimos de la muerte y perfectamente decorados en Ikea.

Pero cuando estás fuera después de pasar todo el día caminando, disfrutando de la ciudad que visitas y vuelves al hotel o a tu apartamento de alquiler por días, te das cuenta de que esa no es tu casa. Te das cuenta porque allí no está tu cama. Y no lo digo porque sea mala la cama de los hoteles, es que como en tu cama no se duerme en ningún lado. Pero tampoco está tu sofá. ¿Qué os voy a contar del nuestro? Nuestro sofá tiene un poder de atracción que hace que no puedas resistir la tentación de tumbarte en la chaise longe. La nuestra es perfecta porque cabemos los dos y así no hay excusa para estar bien juntitos y tapaditos con la misma manta.

Porque yo no entiendo un sofá sin manta, también os lo digo. ¿Y la tele? ¿Qué os digo de la tele? Ya no es por lo grande o pequeña que la tengamos (la tele, digo). Cuando estás fuera echas de menos esos aparatos que tienes con todos esos canales de series y películas que no puedes ver si no estás en casa. Y los deportes. Olvídate de ver la Euroleague si estás fuera, a no ser que te vayas a un bar en el que tendrán puesto seguro el partido que tú no quieres ver.

Hasta Gabo echa de menos su casa. Sin ir más lejos, la semana pasada nos fuimos dos días a Bolonia. Sólo una noche fuera de casa. Cuando volvimos el tío se zampó todo su plato de bolitas y se metió una sobada en el sofá que le faltó ponerse el pijama y pedir un orinal. Mira que es pesado. Pues no hubo perro en siete horas seguidas. Y es que él, que no es tonto, también tiene claro que como en su casa en ningún lado.

Escribiendo esto me acuerdo de aquellos días cuando era más joven y llovía. Cuando llovía se suspendía el entrenamiento. Eso me fastidiaba, seguro. Pero no puedo negar que me gustaba que lloviera porque me quedaba en casa. Podía disfrutar de la chimenea y tumbarme en el sofá a ver la tele. Daba igual el partido que echaran del deporte que fuera. Sin problemas me lo tragaba con mi bol de frutos secos. Si llovía dos días seguidos, aquello se convertía en un paraíso. Si esos dos días de lluvia coincidían en fin de semana era un fastidio para toda la pandilla porque no podíamos salir. Para todos menos para mí, que me encantaba quedarme en casa a ver el fútbol con mi padre y la película que pusieran, daba igual que fuera la más mala del mundo. Ahora que estoy mayor y entrenamos en pabellón, los días de lluvia son una jodienda porque te hacen recordar aquellos días de lluvia de juventud que disfrutaba en casa.

No hace falta que os diga que me encanta mi casa. Es que no podéis haceros una idea lo bonita que la ha dejado Ana. Tenemos hasta un cáctus, que dice Ana que están de moda. Pero también os cuento que ahora que trabajo a 50 kilómetros de ella, cuando acabo de entrenar y tengo ganas de volver es porque en casa están esperando Ana y Gabo. Ellos son lo más valioso que tengo en casa porque gracias a ellos, nuestra casa hace mucho que dejó de ser una casa para ser nuestro hogar y eso no lo cambio por nada en el mundo.

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