21 de mayo de 2018
21.05.2018
De buena tinta

De mayor quiero ser negro

21.05.2018 | 05:00

Cuando yo era pequeño, quería ser negro. Y de grande también. Así, tal cual les digo. Nunca llegaré a entender la xenofobia o el racismo. Si hay algo que valoro de la educación escolar que están recibiendo mis hijos en Málaga es la integración racial y cultural entre el alumnado. Algo más que positivo, una suerte de la que yo no disfruté en mis aulas. Sin embargo, pareciera que el racismo y la xenofobia participan de la naturaleza de ciertos virus. Cuando crees que su perversidad ha sido erradicada de lo que podríamos llamar la sociedad civilizada, te das cuenta de que no, de que permanece latente, a la espera. También en el corazón de un país como el nuestro, cuya historia refleja su consanguinidad con todos los pueblos que circundaron los contornos del Mediterráneo y más allá. Como ustedes ya sabrán, el Ministerio Fiscal estudia querellarse contra Quim Torra por delitos de odio. Independientemente de la punibilidad de los hechos, que dichas opiniones, declaraciones o escritos broten de la mente de representantes parlamentarios es para echarse a temblar. En pleno siglo XXI, pareciera que todo, instituciones y sociedad, está derivando en una suerte de mare magnum de incongruencias donde no hay más que apuntarse en la lista para soltar la majadería de turno. Políticos del Callejón del Gato, que diría Valle-Inclán, caricaturas tenebrosas, electroduendes perversos. Con perdón de los electroduendes. Es por eso que, en este tiempo hostil, en estos días donde los restaurantes y los hoteles niegan la admisión a los niños porque molestan, en este lapso donde los políticos del proletariado asientan su domicilio en las residencias de la casta, mi alegato racial irá a sensu contrario. No voy a criticar el racismo ni las insostenibles perversiones sobre la supremacía de la raza caucásica. Ni tan siquiera voy a plantear un discurso en pos de la igualdad. Lo que haré será todo lo contrario. Una apología, si me lo permiten, desde otro posicionamiento. Porque si precisamente hay una raza superior en cuanto a anatomía y cualidades físicas es la raza negra. Que no lo digo yo. Los negros poseen un número más elevado de células rojas, lo cual favorece un mayor desarrollo de la musculatura, la fuerza y la resistencia. Como también son menos vulnerables al sol y a las quemaduras por el plus de melanina del que disfruta su piel. Ventajas naturales, ya ven. Cuando yo era un chaval, no hace tanto, las broncas en el patio venían a cuenta de que Fulano decía que Michael Jordan era mejor que Magic Johnson y Mengano decía lo contrario. Los que tenían cierta soltura rítmica ya coreografiaban el Thriller de Michael Jackson y lo representaban en los salones de actos de los colegios cada vez que se prestaba la ocasión. Los negros eran nuestros ídolos no sólo por su carisma, sino también por sus cualidades. ¿O acaso el buque insignia del Equipo A, el rostro popular, no era el sargento M. A Baracus? Todos queríamos ser M.A. Pero acudan ustedes si quieren a las cabalgatas de Reyes Magos y también verán que, a la hora de entregar sus cartas, los niños cierran filas en torno a Baltasar. En la saga Star Wars, dentro del consejo Jedi, Mace Windu, Samuel L. Jackson, se alzaba como el maestro más poderoso. Échenle un ojo al infumable Episodio II y verán que es así. Pero aparte de las patentes ventajas físicas y mis preferencias cinematográficas, los negros gozan del mismo potencial que el resto de variantes raciales, por supuesto. ¿De qué les apetece hablar? ¿Voces? Whitney Houston. ¿Política? Barack Obama. ¿Guitarras? Jimi Hendrix. ¿Activistas? Martin Luther King. ¿Premios Nobel? Nelson Mandela. ¿Fútbol? Pelé. Hoy por hoy, a mí me gustaría tener los andares del inspector Luther, la presencia de Morgan Freeman, las hechuras de Denzel Washington o el don de gentes de Eddie Murphy o Will Smith, por ejemplo. Ya quisieran algunos estar a la altura y manejar las medidas raciales que maneja la raza negra. Porque, puestos a hablar de medidas, que de todo hay que hablar, para no dejar lagunas, no me gustaría obviar al negro del whatsapp, que también está ahí. Sí, el negro del whatsapp. Curiosamente no es el blanco del whatsapp, es el negro. Por algo será.

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