22 de mayo de 2018
22.05.2018
Sol y sombra

El chaletgate

El referéndum sobre el chalet de 660.000 euros, adquirido mediante una favorable hipoteca, es la penúltima grosería de esta pareja de reyezuelos populistas ante sus vasallos

22.05.2018 | 05:00

Para blanquear sus conciencias, Pablo Iglesias e Irene Montero han invocado las de los inscritos de Podemos. A ambos políticos les han salido los colmillos sermoneando sobre la casta y tratando de sacar rédito de una indignación que ahora se vuelve en su contra. Quisieron labrarse el porvenir regando la famosa cita de Proudhon, «la propiedad es un robo», como si se tratara de una planta, para finalmente dejarla marchitarse.

El referéndum sobre el chalet de 660.000 euros de Galapagar, adquirido mediante una favorable hipoteca, es la penúltima grosería de esta pareja de reyezuelos populistas ante sus vasallos: o nos soportáis con la dacha a cuestas o nos vamos con la música a otra parte. Una bonita forma de traspasar a los demás la irresponsabilidad de ejercer el liderazgo incoherentemente, poniendo a la organización entre la espada y la pared.

Porque lo peor en el chaletgate de Iglesias y Montero, insisto, no es haber caído de esta manera en la tentación del lujo, sino haber ladrado de la forma en que lo han hecho contra otros para obtener beneficio político de una supuesta pureza ética que han decido abandonar a las primeras de cambio, dándose más prisa que nadie de la izquierda exquisita que les haya precedido en la historia. Pongamos por caso, aunque probablemente no va a suceder, que los inscritos de Podemos deciden darle la espalda a su pareja líder antes que tragarse el sapo de la dacha, y es la dacha con piscina de Galapagar la que queda en la memoria frustrada de los indignados que pretendían asaltar el palacio de invierno.

¿Qué puerta giratoria utilizarán para abandonar, Iglesias y Montero? Pensemos, por el contrario, que la pareja de timoneles supera la moción de confianza y la nave sigue su rumbo con el chalet de lujo cosido al argumentario de la indignación. ¿Qué quedará del discurso monocorde de los de arriba y los de abajo?

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