06 de junio de 2018
06.06.2018
Sol y sombra

Delicado equilibrio

06.06.2018 | 05:00

Josep Borrell será ministro de Exteriores del nuevo Gobierno socialista. Puigdemont ya se ha apresurado a señalarlo como «un perfil de otro tiempo que ha sembrado el odio contra Cataluña». El tiempo que amanece debería, según el expresident fugado, enviar, en vez del nombramiento de Borrell, un «mensaje fraternal». Sin embargo, no es mala designación la de alguien con las ideas más o menos claras sobre España en Exteriores, porque a fin de cuentas la cuestión catalana, el principal problema con que se va a enfrentar el débil Ejecutivo de Pedro Sánchez, el pie que no tiene en la cárcel de Estremera lo tiene en Berlín. Interior y Exteriores son dos ministerios claves de lo que queda de esta legislatura marcada por el desahucio político. El Partido Popular se prepara para hacer la oposición desde el Senado, donde mantiene una mayoría que le permitirá enmendar los Presupuestos con el fin de castigar por su traición al PNV o retratar a los socialistas poniéndolos ante su contradicción. Sánchez encarna en estos momentos la supervivencia después de Rajoy, que también se granjeó fama de resistir y lo logró hasta el último momento desesperando a propios y extraños. España es el único país de Europa donde jamás se ha gobernado en coalición; los dos partidos mayoritarios no se han entendido nunca ni en la más extrema y peliaguda de las situaciones. Pero en ninguna otra circunstancia congregó el Congreso nacional tantas fuerzas contrarias a sus intereses. Por ello, el centro-derecha tiene, además de la responsabilidad de ejercer la oposición, la de sostener al precario Gobierno socialista para que no caiga en manos de los que quieren destruir el país.

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