10 de junio de 2018
10.06.2018
El palique

Virtudes gubernamentales

Resulta increíble el cambio en el estado de ánimo de un país que puede introducir un nuevo Ejecutivo, al menos en ciertos sectores. No estaba en la inercia la virtud

10.06.2018 | 05:00
Pedro Sánchez jura su cargo ante el Rey.

No sé si alguna vez en la reciente historia de España ha causado más entusiasmo un Gobierno. Parece increíble el cambio en el estado de ánimo que ha inyectado en no pocos sectores del país. Es este un Gobierno que no gusta nada a Otegui ni a Rafael Hernando. Tampoco a Rufián, cuyas críticas a un tipo como Pedro Duque producen una mezcla de sonrojo y ternura hacia el personajín. El presidente de la Generalitat, Torra, ha dicho que Borrell es un tipo de ideas caducas sobre los estados-nación, lo cual hace crecer aún más nuestra admiración rayana en la idolatría por Borrell. Y eso lo dice Torra, que es fanático del estado-nación (para Cataluña, claro) y que para su Gobierno ha situado en la cartera de Exteriores a Ernest Maragall, cascarrabias provecto de ideas lunáticas que cree vivir en una dictadura.

Una de las sensaciones que produce contemplar la foto del Gobierno Sánchez es comprobar lo siniestro que era el anterior ejecutivo. Se le ve un poco torvo, corrupto, grisáceo, resistente al cambio. Gastado. Carpetovetónico. Es verdad que tenía gente valiosa y limpia y que estaban enderezado la economía. Una cosa no quita la otra. También se está enderezando la economía en Italia, claro. Por ejemplo. Un millón más de ocupados que hace unos años hay ahora en el país transalpino, y eso que experimenta unos vaivenes políticos tendentes al caos. La zona euro mejora en general, se crea empleo, se deja atrás la recesión. Es el viento económico que sopla. Tal vez la diferencia sea que en España el empleo es mojonero, o sea, de poca calidad, contratos precarios, cortos, de pocas horas para en realidad trabajar muchísimo y que te paguen en negro si es que te pagan. España es ese país en el que tener empleo y un sueldo normal no te garantiza ni mucho menos llegar a fin de mes. Hijos e hipoteca es igual a bocadillo de mortadela los últimos días del mes. Gobierno nuevo. Chute de autoestima. España como gran país que tiene gente preparada para gestionar. Muchas mujeres y eso está bien. Varios que no militan en el PSOE, o sea, un ejercicio inaudito y sano de anti sectarismo. Con lo que al PSOE le cuesta no ser sectario. El más tonto es ingeniero. En el Gobierno, no en el PSOE. Podría decirse.

Un Gobierno que podría haber formado-firmado, en parte, Albert Rivera, un Gobierno que tiene en su seno a gente que fue aupada a cargos por el PP. Con patriotas anti nacionalistas y con funcionarias eficaces de alto nivel. La oposición va a ser dura. El Partido Popular llamó etarra a Zapatero, así que a Sánchez igual lo acusan de la matanza de Texas. No es, con todo, enjuiciar al Gobierno ni a la oposición (¿de qué tipo la hará Ciudadanos) lo que nos interesa y sí comprobar feliz que lo cenizo puede convertirse en suertudo, lo gris en vivo rojo, lo mortecino en vivaz, la rutinaria inercia en entusiasmo. Porque: la tenacidad sirve. La acción vale. Jugársela tiene premio. Es de audaces el mundo. En el riesgo está la virtud, que decía Tácito.

Con todo, no vayamos a despegar los pies de la realidad o a ser ilusos o gilipoyas: este Gobierno más pronto que tarde hará algo que nos joda y tendremos que tildarlo de jodierno. Es inexorable defraudar las expectativas. Como hizo Obama o Zapatero e incluso Aznar, que se permutó de austero vallisoletano en hortera nuevo rico que casa a su hija como si fuera el conde duque de Olivares. Él, no su hija. Que tenga suerte el nuevo Gobierno, que será señal de suerte para España. Y que Maxim Huertas se aficione al deporte.

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