01 de julio de 2018
01.07.2018
En corto

Vejez prematura

01.07.2018 | 05:00

Hoy llamamos pasión a cualquier cosa, pero las de verdad producen un cambio de estado en el cuerpo y en el espíritu. El sistema de valores y el código de conducta del estado normal pierden peso ante el imperativo de satisfacer la propia pasión, que se convierte en el único bien. Pensemos, por ejemplo, en una pasión sexual, una adicción de cualquier clase o ese pico de belicismo que suele anteceder a las guerras. Bien, pues en la pasión por el poder se desatan a veces mecanismos parecidos, en los que todo lo que valía deja de valer, y sucumbe a la satisfacción de la pasión misma. Esto se manifiesta, en especial, respecto de ciertos objetos de poder con fuerte carga de concupiscencia, como la televisión pública. El penoso espectáculo de la rebatiña por el control del ente no es nuevo (es lo de siempre), pero sí es nuevo en los nuevos, que nadie pensaba que fueran tan requeteviejos.

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