09 de julio de 2018
09.07.2018
Impresiones

Trump también tiene razón

09.07.2018 | 05:00

El presidente Trump tiene razón cuando dice que Europa debe gastar más en garantizar su propia seguridad aunque no nos guste oírlo y sea impopular hacerlo en países que aún no han superado los efectos de la tremenda crisis que se desató en 2008 con la caída de Lehman Brothers.

Pero que no nos apetezca gastar más en Defensa cuando hay otras prioridades más cercanas en Sanidad, Educación, Justicia, I+D, etc., no quiere decir que no necesitemos hacerlo y Trump se limita a recordárnoslo en plan mosca cojonera antes de la próxima cumbre de la OTAN, donde le veremos criticar y pelearse con los aliados, como ya hizo en la última reunión del G-7 en Canadá, mientras un par de días más tarde se abrazará con Vladimir Putin, el líder autoritario de una Rusia que se anexiona Crimea, incordia en Ucrania e interfiere en nuestras elecciones con métodos cibernéticos. El mundo al revés, que es el que supongo le gusta al inquilino de la Casa Blanca, recuerden cuando el pasado enero en Davos el que apareció como adalid del libre comercio fue el presidente chino Xi Jinping. O como ahora elogia al tirano de Corea del Norte después de haber intercambiado con él insultos barriobajeros. Es una actitud muy suya y muy desconcertante y no hay que excluir en absoluto que sea precisamente eso lo que desea.

Pero el asunto viene de atrás y no es un invento de Donald Trump pues fue Barack Obama el que en la cumbre de la OTAN de Dublín, en 2014, arrancó a sus socios el compromiso de dedicar a la defensa un 2% de sus presupuestos, algo que hoy solo hacen Reino Unido, Polonia y Estonia (por el miedo que le tienen a Rusia), Grecia (por la vecindad turca) y Rumanía (?). Francia, Letonia y Lituania se acercan a esa cifra y los demás nos quedamos lejos, incluyendo países grandes como Alemania, Italia y España. En nuestro caso tenemos uno de los porcentajes más bajos de la UE junto con Luxemburgo y no llegamos al 1%.

Por si fuera poco tanto EEUU como el Reino Unido piensan que el 2% no es el punto de llegada sino el de partida. Son filosofías diferentes. Aun así algo se hace y Stoltenberg, secretario general de la Alianza, es optimista y cree que en 2024 la mitad de los miembros habrán alcanzado ese mítico 2%.

Estamos mal acostumbrados desde que los norteamericanos vinieron a Europa en la primera y en la segunda guerras mundiales y nos sacaron las castañas del fuego, impidiendo en 1945 que los nazis extendieran su siniestra tiranía por nuestro continente. Pero no acabó ahí la cosa. Durante toda la segunda mitad del siglo XX fueron los norteamericanos los que extendieron un manto de seguridad sobre Europa frente a la amenaza del comunismo soviético en época de telones de acero y de guerra fría. Y como si no bastara, cuando estalló la crisis yugoeslava y cuando la Primavera Árabe llegó a Libia, tuvieron que ser nuevamente los norteamericanos los que acudieran en ayuda de una Europa incapaz de atender con eficacia a los problemas de seguridad de su entorno inmediato. Y los americanos están comprensiblemente hartos de poner dinero (3,5% de su presupuesto va a Defensa y este año Trump lo incrementa un 10%) y de poner muertos en defensa de Europa mientras nosotros nos desentendemos. No les falta razón.

Los europeos tenemos un sistema de bienestar mucho mejor que los norteamericanos en sanidad, jubilaciones y protección ante el desempleo... y eso cuesta mucho porque con el 9% de la población tenemos el 50% del gasto social mundial. Vivir bien es muy caro y no deja dinero para otras cosas como la Defensa. Pero Washington ha decidido que no quiere seguir poniéndolo si nosotros no nos rascamos también el bolsillo y no contribuimos más a los gastos de nuestra propia defensa. En los EEUU dicen que ellos son Marte y nosotros Venus y que ya está bien. Les parecemos un herbívoro simpaticón y mansurrón, incapaz de dar una cornada o una dentellada cuando está rodeado de enemigos tan peligrosos como una Rusia nacionalista y expansionista que se salta a la torera la sacralidad de las fronteras consagradas en el Acta Final de Helsinki, mientras por el Mediterráneo nos acecha un mundo árabe desestabilizado y un continente africano empobrecido que nos envía refugiados y emigrantes que no sabemos cómo gestionar.

No es que los europeos no hagamos nada, tampoco es eso, porque en el seno de la UE se ha lanzado la PESCO (Política Común de Seguridad y Defensa) por iniciativa de Francia, Alemania, Italia y España, dotada con 5.000 millones de euros y que busca desarrollar misiones militares, coordinar mejor nuestras industrias de Defensa para evitar costosas duplicidades, invertir en I+D, favorecer la compra de productos europeos... y todo eso como algo complementario de la OTAN y no como alternativa. Lo que pasa es que Washington también recela de esta iniciativa porque teme, seguramente con razón, que acabe debilitando a la PTAN y haciendo disminuir las importantes ventas a Europa de material militar americano.

Por nuestra parte, en España no ha caído bien la carta que Trump le ha enviado a Sánchez exigiendo mayor contribución a la OTAN, porque consideramos con razón que hay otras formas de contribuir a la defensa de Occidente como son inversiones en equipamiento militar o nuestra participación en misiones militares en lugares tan diversos como Letonia, Líbano, Mali, Afganistán, el océano Índico, Turquía, Bosnia-Herzegovina... que nos cuestan nuestro dinero. Y también tenemos razón.

*Jorge Dezcállar es diplomático

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