12 de julio de 2018
12.07.2018

Cartas al director

12.07.2018 | 05:00

Dura labor de los corcheros rondeños

No hacen mella en el oficio pese que se practica desde siglos atrás en el ámbito rural de la Serranía de Ronda. Un quehacer duro donde los haya, que se hereda de padres a hijos, y que cada año con el comienzo de los calores y hasta bien entrado agosto se lleva a cabo como un rito que concede a esta región, abrupta pero sugerente, personalidad propia. Se reviven cada año ancestrales costumbres que mantienen contra viento y marea un trabajo arduo y penoso – el sol que flagela los rostros, pero que no entumece los músculos, prestos al esfuerzo colosal a los que se les somete – que rondeños aguerridos en la dura labor ofrecen cada verano. Estampas rurales que bien merecen figurar con todos los honores en el catálogo de los menesteres campesinos, esos que jamás son pagados como merecen, efectuados como es el caso, bajo los ardores de un sol de justicia. Exigen un esfuerzo corporal sobrehumano, nunca correspondido con las exiguas ganancias producidas a quienes lo practican.

Desafían al tiempo y a trabajos ímprobos. Pasan años y siglos y los corcheros de Ronda y la Serranía continúan subiendo al monte bien entrado el verano y sin temor a los días de rigurosa canícula, dispuestos para llevar a cabo la saca del corcho antes que transcurra el tiempo propicio.

Ascienden las reatas de animales de carga por senderos casi imposibles, arreados por quienes tienen como misión desnudar el alcornoque de su coraza de corcho, algo que hacen con el pundonor y ritual de quien arrebata su vestimenta a una vestal que gana gracilidad y gentileza expuesta al deleite del airecillo de la sierra.

Oficio antiguo donde los haya, el corchero de Ronda o de los pueblos limítrofes en este quehacer atávico cuya enseñanza se transmite de padres a hijos y se aprende allí donde el monte –destellos de sol atravesando la floresta creando irisaciones antes de acariciar el erial montuoso– se despuebla de presencia humana y el silencio reinante no se quiebra si no es por el trino suave de un estornino atrevido o el graznar bronco de un aguilucho que atraviesa el aire con la rapidez de una flecha, espantado quizás por la intromisión de desconocidos en su predio montaraz y que fugazmente busca la salvación en el cielo que cubre la foresta.

Pero el corcho rondeño y serrano, más allá de la sublimación de un oficio ancestral con toda la carga romántica que conlleva lo antiguo e imperecedero, posee una vertiente económica nada despreciable. Que se lo digan si no a los ayuntamientos de Ronda, Montejaque y Cortes de la Frontera y el importante arrimo que significa para sus arcas no siempre boyantes.

Substanciales sumas de euros vendrán a engrosar el Consistorio de Ronda en concreto con la ´saca del corcho´ de los Montes de Propio, que en la temporada actual ha resultado ser de excelente calidad como puede verse en los ´patios´ donde se exhiben más que se amontonan para que se pueda apreciar lo especial de su textura.

Hachas al hombro, única herramienta empleada hasta hora por mucho que la mecanización trate de imponerse, los corcheros otean en las madrugadas el tajo que les ocupará durante buena parte del día. Los pasos cansinos de los jumentos que luego transportarán la carga siguen a los suyos no menos decaídos, monte arriba, hasta llegar al lugar propicio para la labor. Luego rucios y dueños bajarán más apesadumbrados por la carga pero barruntando quizás el descanso y el renuevo de fuerzas para el día siguiente.

¿Serán conscientes de que brindan cada año por estas fechas una de las estampas más sugerentes de una perdurable tradición y cimientan la continuidad de un duro oficio que se mantiene desde siempre con pocos cambios y sin solución de continuidad?
José Becerra
Málaga

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Crea tu propio Blog
Enlaces recomendados: Premios Cine