03 de agosto de 2018
03.08.2018
360 grados

Edward Snowden

Si se le ocurriese un día volver a su país tal vez peligraría su vida

03.08.2018 | 05:00

El estadounidense Edward Snowden hizo un gran favor al mundo al revelar cómo las agencias de espionaje de su país para las que había trabajado nos vigilan a todos: gobernantes y gobernados.

Snowden lo pagó caro al tener que solicitar asilo político seguramente en el país donde menos le habría gustado hacerlo: la Rusia de Vladimir Putin.

Y, sin embargo, allí sigue tristemente el ex técnico de la CIA sin que nadie se haya acordado de él mientras en aquel país se celebraban los campeonatos mundiales de fútbol para mayor gloria de Putin.

Si se le ocurriese un día regresar a EEUU, su país, donde muchos le consideran un traidor, Snowden debería temer no sólo por su libertad, sino también por su vida.

El presidente Donald Trump y destacados dirigentes de su Gobierno han declarado públicamente y sin ambages que Snowden merece la muerte.

Y ¿qué hace mientras tanto Europa, esa Europa a la que le gusta presumir tanto de sus valores? Mirar, como tantas veces, cobardemente para otro lado, se supone que para no irritar al líder del «mundo libre».

¿Por qué no hay una ley en la Unión Europea que proteja a quienes con gran riesgo personal muchas veces se atreven a denunciar todo tipo de atropellos, ya los cometan empresas o gobiernos?

Se lo preguntaba recientemente en un editorial el diario alemán Süddeutsche Zeitung y nos lo preguntamos también muchos, avergonzados por el comportamiento de nuestros gobiernos.

¿Que Trump iba a estallar en cólera si cualquier país de la UE, pongamos por caso la poderosa Alemania, concediera a Snowden el asilo político que se merece?

Con seguridad. Pero esa misma Europa a la que Trump no tiene ningún escrúpulo en humillar cada vez que puede podría demostrar al mundo que no se limita a proclamar unos valores democráticos, sino que también los lleva a la práctica.

Por el bien de nuestras democracias, hace falta urgentemente una ley europea que proteja a los whistleblowers (denunciantes) e incluya el derecho de asilo político.

Snowden y otros valientes como él se lo merecen.

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