05 de agosto de 2018
05.08.2018
Tierra de nadie

No se empeñen

05.08.2018 | 05:00
No se empeñen

Hay gente en cuya casa entra la corrupción con la naturalidad con la que el butano entra en la mía.

-Soy la corrupción, la inmoralidad, el envilecimiento, el desenfreno y vengo a ofrecerte el negocio de tu vida.

El negocio de tu vida puede ser la construcción del AVE a la Meca o el asfaltado de la comarcal 666, en el caso de que exista esta carretera, que sería la del diablo. La corrupción erige aeropuertos inservibles, estaciones de tren vacías, ciudades de la justicia inviables€
Si a la corrupción se le antoja, también puede levantar calzadas y autopistas. Basta con sobornar un poco a Lucifer, que suele estar muy bien situado en Fomento. En España sales a pasear y tarde o temprano tropiezas con un bloque de hormigón en medio de la nada.

-¿Esto qué es? –preguntas.

-Esto es el 3%. O el cuatro, depende.

Y es que levantar un bloque de hormigón puede alimentar a cuatro o cinco comisionistas, sin contar al comisario Villarejo o a Villalonga, el amigo de la infancia de Aznar. Lo que queríamos decir es que hay personas a la que la corrupción se les aparece como la Virgen a los místicos. Se sientan en la silla giratoria (o en la gestatoria, ahora no caigo) del despacho, y al poco suena el teléfono para ofrecerles una obra pública sin necesidad de pasar por el concurso correspondiente. El llamante no es cualquiera.

-Soy el Estado -le dice un alcalde a un constructor, y el constructor, pobre, qué va a hacer ante un milagro de esa naturaleza: caer de rodillas y decir: SÍ, CREO.

Si tienes uno de esos apellidos que salen estos días en la prensa un día sí y otro también (la corrupción no descansa), eres susceptible de que te ofrezcan un pellizco por la adquisición de un quirófano, por la compra de un tanque o por la construcción de un submarino. Menos mal que disponemos de un CNI para poner las cosas en su sitio y separar a los corruptos supuestos de los reales (signifique lo que signifique reales). En cuanto a usted y a mí, podemos dormir tranquilamente con las ventanas y las puertas abiertas, porque la corrupción pasará de largo. Por un lado está bien, pero a quién no le arregla el cuerpo una comisioncita.

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