11 de septiembre de 2018
11.09.2018
El Palique

Vuelta a la realidad

Todo parece irreal a la vuelta. Puede que incluso aún esté en la piscina rodeado de vocingleros y niños

11.09.2018 | 05:00
Vuelta a la realidad

Ayer fue uno de los lunes más lunes del año. Vuelta al cole. Y fin de mis vacaciones. Desorientador. Devastador. Desolador o desolategui. Un amigo organizó un desayuno por ver de hacernos la jornada más llevadera. Menos consejos de autoayuda y más bocadillos de zurrapa, venía a decir en la convocatoria. Muy de acuerdo. Pero no pude ir. Que peste a lunes. Tenía que llevar a mi hijo al colegio. Tan empeñado y concentrado estaba en llevarlo que cuando me fui a dar cuenta estaba en el aula metido, con él, saludando a la seño y preguntando si me quedaba bien el uniforme. Un poco más y le mango el bocata de lomo a un chavea. Mi hijo acertó a decirme papá ya te puedes ir y entonces desperté al fin, corrí a ver si llegaba al desayuno, pero con las prisas y por la fuerza de la costumbre de estos días de vacaciones, a donde fui fue a casa. A la cama más en concreto. No debía haber salido de ella.

Todo lo que no pueda hacerse en la cama no merece en realidad la pena. Desde la cama escribo este artículo que está como mullido y con los adjetivos ensabanados. La almohada me hace de sustantivo común. Cierro la ventana para que no entren clichés ni frases hechas. Entran frases crudas. Cazo una pero voy a meterla en el portátil y me llaman del colegio diciendo si no pienso llevar a mi hijo. Respondo que ya lo he llevado pero me aseguran que allí no ha aparecido. Me da un vuelco el corazón pero todo resulta ser una broma. Es en realidad un columnista de la competencia imitando la voz de mi seño (de la de mi hijo, quiero decir).

Le digo que no tiene gracia pero cuelga antes de que pueda hacerlo, con lo cual presumo que el asunto de su columna va a ser la vuelta al cole. Veo en la mesilla un bocata de lomo. Siempre que estoy en la cama a media mañana y veo un bocata lomo en la mesilla me da un no sé qué de intranquilidad, no sé si les pasa. Es como cuando estás dando una conferencia y caes en la cuenta de repente de que te has echado el champú de rizos y no el otro. O sea, que tal vez he robado el bocata de verdad. O tal vez me lo preparé o prepararon anoche. Alguien me pregunta cómo me ha ido el primer día de trabajo. No lo sé, pienso, me he quedado en la cama. O quizás todo es irreal y estoy aún de vacaciones, leyendo a Pla bajo un platanero en la piscina de una urbanización que ya no es la mía, mientras una familia que si fueran agrupación musical podrían llamarse The Vocinglers no para de berrear. Mañana es lunes, grita un niño. Zurrapa le daba.

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