18 de septiembre de 2018
18.09.2018
La Opinión de Málaga
Tierra de nadie

Ruido y furia

18.09.2018 | 05:00
Ruido y furia

Un día, cuando yo era pequeño, mi profesor de Lengua dijo que la palabra "tía" llevaba acento en la i para "destruir el diptongo". Me impresionó lo de "destruir el diptongo", como si el diptongo fuera una especie de tumor, no sé, o un quiste: algo malo a extirpar. Además, aquel enseñante pronunciaba el verbo "destruir" con una agresividad que me descolocaba.

Destruir el diptongo.

¿Por qué no aminorarlo, suavizarlo, en vez de acabar con él, aunque esto sea en realidad lo que hace el acento? Cierto, de otro lado, que no hay forma de aminorar un diptongo: o es o no es, pues carece de término medio. Pero destruirlo, destruirlo€ Destruir un diptongo que no se ha metido con nadie me parece poco ortográfico. La ortografía, de hecho, se caracteriza por su cortesía, por su educación, por su cultura. Lo curioso es que cuando hablamos de los diptongos es para cargárnoslos, como si no necesitaran ser construidos previamente. En fin, que esta cuestión gramatical, siendo como era yo un niño pusilánime, marcó mi infancia, aunque no me di cuenta de ello hasta que salió en una de mis sesiones de análisis. Me encontraba tumbado en el diván, hablando de esto o de lo otro, cuando me vino casualmente aquel recuerdo (lo de casualmente es un decir: no hay nada menos libre que la asociación libre).

-Destruir el diptongo –dije-, qué expresión más violenta.

-¿A qué le recuerda? –preguntó mi psicoanalista.

No me recordaba nada que no fuera al profesor aquel de Lengua, que lucía (con acento en la i, ya saben ustedes para qué) un bigotillo fascista muy de la época. Me quedé atascado en aquella imagen escolar. Era una época en la que no solo se destruían los diptongos: se fusilaba a los enemigos. En algunas clases, mi profesor sustituía el término diptongo por el de hiato. El problema es que un hermano de mi padre tenía una hernia de hiato. No me parecía mal que se la quitaran, pues le hacía sufrir mucho, pobre, pero no acababa de comprender aquella asociación entre el hiato corporal y el gramatical. Todavía me cuesta. Estos días de destrucción y autodestrucción política, tan escasamente ortográficos, me traen a la memoria aquellos años de ruido y furia.

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