01 de octubre de 2018
01.10.2018
La mirilla

El aplauso de Hoover

¿Es que nadie ha dicho alguna vez una inconveniencia en un determinado foro? Esto es una caza de brujas que aplaudiría Hoover

01.10.2018 | 05:00
J. Edgar Hoover

Ahora que la democracia del 78, aquella que nació del pacto de la Transición entre todos los que provenían de las antípodas ideológicas pero supieron ponerse de acuerdo para no volver a matarnos entre los españoles, se tambalea, el sistema da muestras de descomposición y de no tener respuestas para hacer frente a la desintegración del bipartidismo y las sucesivas caídas en desgracia de determinadas instituciones públicas y privadas tales como la Casa Real, el Ejecutivo, las cámaras, las diputaciones provinciales, las cajas de ahorro, los bancos, etcétera... Estos días les toca a la Universidad y a los medios de comunicación. Sí, es así. En el caso de la institución docente, la lupa pública escudriña ahora los títulos de unos y otros, acostumbrados a mejorar los currículos personales en el caso de los cachorros que provienen de los partidos políticos de los que se nutre el sistema. No estaría de más entrar en los viajecitos de catedráticos a cuenta del erario público y el dispendio que se ha instalado en algunas de las universidades españolas a costa del contribuyente y de ofertar más carreras de las que el mercado puede asumir, las ampliaciones de campus más allá de Finisterre y las fundaciones de todo pelaje que pululan por la Celtiberia académica. Claro, hay doctores, catedráticos y profesores de tacha inmaculada, de esos que investigan y que gustan de enseñar, pero ya era hora que alguien señalara con el dedo ese fuerte inexpugnable. En cuanto a los medios, ando estos días dándole vueltas al hecho de que haya convertido en noticia el chantaje al Estado de un tipo de tan dudosa reputación como el excomisario Villarejo y sus conversaciones grabadas a diestro y siniestro sin que ninguno de sus protagonistas se sepa, hasta que se ve en los papeles, inmortalizado por una traidora charla registrada en una grabadora. No voy a entrar en lo que han dicho tirios y troyanos, pero no parece muy ético que esa sea una veta informativa, sobre todo porque si nos miramos unos a otros e inspeccionamos dentro de nosotros mismos sabremos que nadie, absolutamente nadie, saldría indemne de una conversación privada. Puede parecer, si uno hace caso a los indignados de Twitter, que no sólo hay que serlo sino también demostrarlo. Vale. Pero ¿es que nadie ha dicho nunca una inconveniencia en un determinado foro? ¿Quién no ha perdido los papeles de vez en cuando al calor de un par de copas de vino y amigos cercanos o conocidos? ¿Es que todos obramos en nuestra vida privada con la coherencia que predicamos para los demás? Yo creo que no. Y esto no es lo mismo que cuando se producen grabaciones dentro de un sumario judicial, porque ahí se persigue un delito de forma no prospectiva, es decir, no se hace una causa general, sino que se busca donde se cree que hay según indicios racionales de criminalidad. Lo demás es una caza de brujas que aplaudiría el mismísimo J. Edgar Hoover.

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