07 de octubre de 2018
07.10.2018
La Opinión de Málaga
La mirada femenina

Tejiendo un cielo de estrellas

07.10.2018 | 05:00

Si algo he aprendido con los años es que el tiempo lo pone todo en su sitio. De pequeña nada es lo que parece. Y el tiempo va tan lento que una cree que el momento de ser mayor nunca llega.

La chica popular del colegio es hoy una del montón y el patito feo se convirtió en cisne. El chico por el que suspirabas y que no te hacía ni caso ahora se pregunta cómo pudo rechazarte. El éxito puede tornarse fracaso y el fracaso puede ser una oportunidad para el éxito. Los que entonces parecían más débiles son ahora los más fuertes y los que iban de fuertes se han venido abajo. La chica de los zapatos ortopédicos de la que todos se reían es ahora una prolífica escritora que escribe sobre la superación.

La enfermedad apareció de imprevisto y se cebó con tus seres queridos. También con los más pequeños, que resultaron ser los más fuertes. Ellos nos enseñan tantas cosas. Son unos auténticos guerreros. Viste la oscuridad de cerca y caíste en el pozo de la tristeza más profunda. Porque no hay nada más triste que ver a un niño enfermo. Pero a pesar de todo hay que seguir adelante por ellos, por su memoria. Llevarlos dentro. Vivir por ellos. Transformar ese terrible sufrimiento en dolor y el dolor en amor. No es fácil pero hay que intentarlo.

El amor se truncó con los años o te llenó de gracia. Cualquier opción es posible. Tu ex abre los ojos un día y vuelve a decirte que te quiere, o te gira la cara y se convierte en un desconocido para siempre. Y por un tiempo no te fías ni de tu sombra pero luego vuelves a confiar. No te queda otra. Si cierras compuertas desapareces. E igual que un globo aerostático que trata de mantenerse en el aire, vas soltando lastre. Muchos se van, pocos son los que se quedan. Deja que se vayan los que quieran irse y cuida bien de los que se queden.

Soledad. Tal vez estés sola o solo pero tu lo elegiste. Al contrario de lo que piensa mucha gente estar sola a veces es una liberación. Que no te engañen las apariencias, la peor de las soledades es la que es compartida. Muchos de los que se compadecen de tu soledad se sienten más solos que tú.

Además, hay algo peor aún. Si no te dieron capacidad de elección. Entonces estás secuestrado y necesitas ayuda. ¿A cuántas personas les pasa? A demasiadas. 

El tiempo pasa. Y un día te despiertas y tus hijos se han hecho mayores y tal vez no eres lo que habías imaginado exactamente. Pero en realidad eres mucho más de lo que crees. Eres mucho más de lo que muchos otros pudieron ser jamás. De entrada estás vivo a pesar de todo. 

Mitos y leyendas. Nos encanta la ficción. Te creíste un montón de historias y cuentos. De joven eras tan inocente que te lo creíste todo. Hasta que existían las sirenas, los duendes y las hadas. Tan grande era tu fantasía que no tenía límites. Y tan fuerte la influencia del romanticismo; viajar a lugares lejanos, tener experiencias fuertes, disfrutar de una vida intensa. Luego se te caen todos los mitos al suelo y abofetearías a todos los románticos empanados que te llenaron la cabeza de amores imposibles, viajes exóticos y sueños rotos. Pero un día vuelves a recoger todas esas historias, y juntas los pedacitos rotos, haces una especie de collage y seleccionas y transmites a tus hijos los cuentos que creías mejores. Los que te parecieron más auténticos, los más bonitos. Luego ellos harán su propia selección o los quemarán definitivamente en la hoguera.

Pasado y presente. Cuidaste de los tuyos todo lo que supiste y pudiste. Buscando el mejor equilibrio posible. Tejiste un cielo de estrellas en el cuarto de los niños contando cuentos, cantando canciones. A veces te olvidaste de ti, por eso ahora es un buen momento. Ahora ya sabes que uno no sólo vale por lo que hace. Que muchas veces hacemos demasiado porque tapamos otras cosas y nos da miedo pararnos. Que nos aterra no sentirnos útiles y necesarios. Tenemos terror a ser desechados.

¿Qué más puedes hacer? Respira profundo, disfruta, agradece. Conéctate con el presente. No hay nada que demostrar, sólo sé tu mismo.

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