18 de noviembre de 2018
18.11.2018
La Opinión de Málaga
Tribuna

El linchamiento 2.0 de dos "robachicos" inocentes

18.11.2018 | 00:26
El linchamiento 2.0 de dos "robachicos" inocentes

La guerra del narco ha llevado a México a casi 30.000 asesinatos al año. Ahora, y con motivo de la caravana de migrantes que atraviesa el país hacia Estados Unidos, se han desatado en el país el pánico y paranoia, que está derivando en una ola de linchamientos de pequeños delincuentes, pero también de personas inocentes. El caso más sangrante se produjo la semana pasada en Acatlán de Osorio, cerca de Puebla, donde un hombre y su sobrino fueron acusados de querer secuestrar a niños, detenidos por los agentes locales, sacados de la prisión por una masa enfurecida, golpeados salvajemente en las mismas escaleras de la Comisaría y quemados vivos en un ambiente de júbilo, mientras cientos de personas grababan el linchamiento con sus teléfonos móviles y lanzaban gritos del estilo: «Viva el pueblo» y «No toquen a nuestros chicos». Todo comenzó con un bulo a través de Whatsapp: «Por favor, todos estén alerta porque una plaga de secuestradores de niños entró en el país. Al parecer, estos criminales están involucrados en el tráfico de órganos... En los últimos días desaparecieron niños de 4, 8 y 14 años, y algunos fueron encontrados muertos y con signos de que se les habían extirpado órganos». El mensaje no podía ser más falso, pero caló en esta crédula población. Cuando Alberto Flores, agricultor de 53 años, y su sobrino Ricardo, estudiante de Derecho, de 21, aparcaron su camioneta junto al colegio, un grupo de personas los rodeó con aviesas intenciones. Los policías del pueblo los arrestó por alteración del orden y los llevaron a Comisaría. El Tecuanito, el periodista local, hizo varios directos a través de Facebook para que se concentrase la gente en la Comisaría, ya que, según decía, iban a soltar a los «robachicos». Uno de los congregados hizo una colecta para comprar gasolina. Finalmente, la muchedumbre asaltó la Comisaría y arrastró fuera a tío y sobrino. Tras darles una paliza, los rociaron con la gasolina y les prendieron fuego no una sino dos veces, entre risas y vítores. Cuando se agotó el combustible, Ricardo, carbonizado, aún se movía. Ahora hay 29 investigados por esta ordalía más propia de la era de la caza de brujas. Y, por supuesto, Alberto y Ricardo Flores eran inocentes.

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