Ayer terminó el Mundial de motociclismo y el sábado, con el sexto título para Sébastien Ogier, el de rallies. Pero el fin de semana también deparaba en la agenda la resolución de otro título mundial, en tierras sevillanas, el del certamen morfológico reservado a los caballos de pura raza en el Salón Internacional del Caballo. Después de que fuesen examinados los distintos ejemplares a concurso, en términos de «fidelidad racial», «morfología y movimientos al paso, al trote y al galope», Yucatán de Ramos también fue ayer proclamada campeona del mundo.

Este ejemplar de la yeguada SR4, la que coordina Carlos Muela, no hubiese acaparado titulares de no ser porque es propiedad del capitán del Real Madrid y de la selección española, Sergio Ramos. El propio futbolista pudo celebrar en directo el nuevo éxito ecuestre para la yeguada que está definida por sus propias siglas. Y allí que estaban para inmortalizar el momento cámaras y teléfonos móviles.

Muchos aficionados especularon, al ver luego las imágenes, sobre las circunstancias por las que el central sevillano no estaba en Las Palmas para disputar el amistoso contra Bosnia. Pero, Mundial ecuestre o no en las agendas, lo cierto es que Ramos tenía acordado de antemano no jugar este partido, con independencia de lo que el jueves pasara en Zagreb. Unas molestias leves en el aductor recomendaban su descanso.

El jugador madridista regresó a su tierra natal en vuelo privado nada más certificarse la derrota ante Croacia en la Liga de las Naciones de la UEFA. Lo que desconocemos es cómo vivió ayer, durante la sobremesa posterior a ese título para Yucatán de Ramos, ese gol postrero de Harry Kane que dejaba a España fuera de la fase final de la novedosa competición internacional. Esa que el próximo verano va a tener a Portugal como anfitriona y a Inglaterra como una de las firmes candidatas al triunfo a cuatro.

Tampoco sabemos en qué circunstancias desayunó ayer el central de Camas, un campeón mundialista que en Sudáfrica se proclamó, contra todo pronóstico, como el jugador que más regates completó. Tal vez tomó antes que alimento alguno la columna que otro campeón mundial y exfutbolista del Real Madrid como Jorge Valdano le dedicaba en las páginas de El País.

Aludía el hispano-argentino a los capitanes eternos: «Quedan muy pocos de esta especie, ninguno como Sergio Ramos. Los grandes líderes tienen una seguridad que, de un modo que desconozco, la mente le transmite al cuerpo. Sergio entra al vestuario como si el Real Madrid le perteneciera y al campo como si hubiera inventado el fútbol. El club le acusa de mandar en exceso y los rivales de pegar en exceso. Pero cuando los normales se esconden, él desafía al mundo con un Panenka. Su manera de decirnos que el líder, ese ideal remoto como un animal mitológico, aún existe». Como existe Yucatán de Ramos, ejemplar terrenal con estampa mitológica, que no quiere ser menos que su dueño.