29 de noviembre de 2018
29.11.2018
El palique

Promesas en tren

Tres de diciembre: Pedro, que lo del tren. Qué tren. El tren a Marbella. Qué le pasa al tren de Marbella. Que no hay. Cómo que no hay. Que no llega. Que en un mitin prometí llamarte. Dile a Ábalos, ¿Ábalos se llama el de Fomento? Pero Susana...

29.11.2018 | 05:00
Pedro Sánchez y Susana Díaz, en el mitin de Marbella.

El tres de diciembre llamaré a Pedro Sánchez para decirle que el tren tiene que llegar a Marbella. Lo dijo Susana Díaz. En Marbella, claro. Sería raro que lo hubiera dicho en Albolote. La gente en campaña con tanto ir y venir y tanto mitin y con lo grande que es Andalucía a veces se lía y dice que quiere que llegue el tren a Úbeda estando en Bollullos Par del Condado o que quiere que llegue el barco estando en Jaén o que haya AVE estando a diez metros de la estación del AVE. Pero Díaz no se lió. No se lía fácilmente. Sabe lo que dice. Sabe la demanda histórica, el agravio sin par, la sinrazón evidente que supone que una ciudad como Marbella (joya del turismo, todo lo que aporta, bla, bla, bla) no tenga tren. Es increíble. Es brutalmente increíble. Por eso Susana Díaz sabe lo que dice, por eso lo afirma.

Pero nosotros, comprendiendo que tiene que hacer esa promesa, sabemos, como ella sabe, que no lo llamará. De hecho, el tren no se va a hacer. No se pone un rail desde Cánovas. A lo menos. Pero debería llamarlo. A Sánchez, no a Cánovas. Para el tercer hospital. Para el convento de la Trinidad. Para tres demandas de infraestructuras como estas de Málaga multiplicadas por ocho provincias. Por lo menos. Tendría que llamarlo para alertarle de la vergüenza que supone que para ir a Madrid desde Granada se tarden, según el autobombo de Fomento, algo más de cinco horas. Más de cinco horas, carajo. Me compro una diligencia antes. Y eso es un logro. Hay que prometer. Y se promete. Se ve uno delante de dos mil conmilitones enfervorizados y promete lo que sea. Es humanamente comprensible, políticamente algo reprobable. Ojalá nos equivoquemos y Díaz, antes que besar a su familia para celebrar el triunfo llame a Sánchez, es que lo estoy viendo, oye Pedro, que lo del tren, qué tren, el tren a Marbella, qué le pasa al tren a Marbella. Que no llega. Cómo que no llega, oye enhorabuena antes de nada. No, no, Pedro, que el tren no llega a Marbella y tiene que llegar, que es que no llega de toda la vida y lo he prometido, he prometido que llegue, que ya está bien, que están sin tren. Susana, estás bien, oye que me alegro de que hayas ganado, y a ver con quién me pactas. Que no Pedro que mira, que el tren no llega a Marbella. Que hay que ponerlo, llama a Ábalos, ¿Ábalos se llama no? Llama y que lo encargue.

El tres de diciembre llamaré a Pedro Sánchez para decirle que el tren tiene que llegar a Marbella. Lo dijo Susana Díaz. En Marbella, claro. Nadie como ella, dicho sea sin un ápice de ironía para conseguirlo. Ninguna de las otras fuerzas políticas, incluso partidos, han prometido semejante cosa. Al menos las elecciones han servido para que la Junta desbloquee las obras del hospital de Marbella, el que todo el mundo llama el Comarcal y que tendría que ser un Clínico o un Carlos Haya de la zona. Que esa es otra. Otra de las grandes promesas del PSOE en esta campaña: 15 hospitales nuevos. A ver si da tiempo, que aún hay un par de días de campaña y son 16 y tocamos a dos por provincia. Con sus salas para operar y todo. Qué necesidad habría. Qué necesidad hay. De semejantes promesas, que algún cauto puede tomar por camelo. Total, si va a ganar.

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