01 de diciembre de 2018
01.12.2018
La Opinión de Málaga
La chapa del sábado

Ni reflexión ni 'ná'

Habiendo votado por correo, en la jornada de reflexión solo queda repasar la campaña y dar gracias por no tener que reflexionar

01.12.2018 | 05:00
Juanma Moreno, con la vaca cordobesa a la que pidió su voto en las elecciones andaluzas en uno de los 'divertidos' momentos de la campaña.

Es lo que tiene escribir los sábados, que en época electoral (tan habituales en los últimos años) siempre toca la jornada reflexión. Este día tan tonto en el que se supone que maduramos nuestro voto, despejamos nuestras indecisiones y aclaramos nuestra mente para ir mañana a votar al colegio electoral con las ideas claras. Este día en el que un candidato sale a andar por la mañana los kilómetros que no ha hecho en su vida, otro se va al cine y algún otro aprovecha para ver a la familia, a la que tiene abandonada en favor de militantes y simpatizantes. En fin, un sábado cualquiera.

Los que tenemos la suerte o la desgracia de haber votado por correo, hoy no reflexionamos. Y mejor así, porque si tuviéramos que decidir nuestro voto en función de la pasada campaña electoral, tendríamos bastante difícil meter la papeleta que sea en el sobre. La campaña (y la precampaña) ha tenido de todo: dragones, jedis, los 80 euros al mes de Susana Díaz, el McDonalds, una vaca, catedrales de Córdoba que no eran catedrales de Córdoba... han sido los más sonados, pero también hemos hecho descubrimientos asombrosos, como el nuevo estilismo popular para la temporada otoño-invierno: ese chalequito marinero por el que está la gente ya preguntando en el nuevo Massimo Dutti de la calle Larios; el acentazo andaluz de Inés Arrimadas cuando visita a una vecina de Cádiz, que no se lo hemos escuchado en ninguna de sus múltiples conexiones en Al rojo vivo, o algunos espacios publicitarios (misteriosamente desaparecidos desde hace días), en los que a medio camino entre la resignación y el hartazgo, una señora reconocía: «No me queda más remedio que votar a Juanma».

Algo de razón tiene la señora. En el 90% de su frase, por lo menos. No queda más remedio que votar. A quien sea. Para que cambie algo o para que cambie todo. O para que todo sigue igual, si es que alguien quiera que todo siga como está. Pero hay que votar para que pase algo. Para tener motivos para quejarse o para defenderse. Para que el futuro de los próximos cuatro años lo decidamos cuantos más, mejor. Hoy los partidos tienen prohibido pedir el voto, pero como tengo la suerte de no ser político, no pertenezco a ningún partido y mi nombre no está en ninguna de las papeletas (no está ni en mi buzón, va a estar en una papeleta), yo sí que se lo voy a pedir: Voten, carajo. A quien sea, pero voten.

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