09 de diciembre de 2018
09.12.2018
360 grados

La cuestión catalana es radiactiva

09.12.2018 | 05:00

El resultado de las elecciones andaluzas, en las que por primera vez un partido ultra ha entrado en un Parlamento regional, ha demostrado al menos una cosa: la cuestión catalana es radiactiva.

Se puede explicar también el éxito, de momento por fortuna relativo, de Vox por otros factores, como la corrupción del PSOE andaluz, el machismo que aún perdura entre nosotros, o el espantajo, convenientemente agitado, de la inmigración.

Pero no puede haber ninguna duda de que lo determinante ha sido el rechazo que ha provocado en muchos la tentación de la izquierda, tanto de un sector del propio PSOE como de Podemos, de buscar algún tipo de diálogo con los independentistas catalanes.

Y es que la unidad de España, grande y libre, sigue pesando mucho en este país, y cualquier intento de ponerla, aunque sea mínimamente, en cuestión provocará siempre una fuerte y amplia repulsa.

Repulsa que, aunque responda a diferentes motivaciones, se da tanto en toda la derecha como en la mayor parte de la izquierda, que ve en el independentismo, más allá de la cuestión identitaria, la expresión de un puro egoísmo nacionalista cuando no de xenofobia.

Está visto que nunca podremos discutir en nuestro país la cuestión catalana, por más que a muchos nos gustara, con la misma falta de apasionamiento con la que los británicos abordaron el referéndum en torno a la independencia de Escocia.

Es no sólo una cuestión ideológica, sino también de carácter. Los argumentos racionales que puedan esgrimirse cuentan mucho menos que los sentimientos, que los afectos, algo que, para su desgracia, la izquierda olvida con demasiada frecuencia. Y así le va.

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