15 de diciembre de 2018
15.12.2018
Nuestro mundo es el mundo

¿Giro a la derecha?

Pedro Sánchez, tocado tras Andalucía. Y emerge la opción de un tripartito de derechas. ¿También para toda España?

15.12.2018 | 05:00

Una Europa inquieta y pendiente de mayo

  • España tiene graves problemas, como cuando la muerte de Franco. La diferencia es que entonces el embrión de la UE era un faro de atracción irresistible. Hoy sus principales países también tienen problemas y Bruselas y Francfort (sede del BCE) sólo pueden actuar en el marco de una unión a medio construir. Lo más grave es lo de Gran Bretaña tras el referéndum del Brexit del 2016 que dividió al país en dos mitades. Theresa May intenta cumplir el mandato del Brexit. Complicado. Para no salir a la brava –lo que tendría serias consecuencias económicas– ha pactado un Brexit a medias (quizás sólo un Brexit nominal) que no tiene mayoría en el parlamento británico. May ha ganado esta semana una moción de confianza en el grupo conservador pero las incógnitas sobre el futuro de Gran Bretaña –y las consecuencia sobre la UE– siguen siendo muy altas. Nadie sabe lo que pasará, pero al menos la UE ha logrado mantener una posición firme y unida. El gobierno populista italiano presentó un proyecto de presupuestos –más gasto y menos ingresos– que elevaba el déficit público por encima de lo pactado con Bruselas en el país de la UE con una deuda púbica más alta (después de Grecia). Dijeron que no retrocederían, pero tras el no de Bruselas han empezado a inflexionar su posición bajando del 2,4% al 2,04% el déficit previsto. Bruselas exige más y se negocia. El populismo nacionalista ha retrocedido ante Bruselas, pero habrá que ver lo que sucede tras las elecciones europeas de mayo. En Francia, Macron, que quería ganar credibilidad económica para convencer a Alemania de profundizar en la UE, era la gran esperanza del europeísmo. Pero una sorprendente rebelión de la calle, que empezó con una revuelta contra la subida del diesel –convocada en la red y sin grupos organizados de apoyo– le ha obligado a hacer marcha atrás y a negociar con la vuelta al orden como prioridad. Veremos cómo acaba. Y el ataque terrorista de Estrasburgo del martes ha vuelto a poner el foco en otro de los grandes problemas del continente. En Alemania la CDU ha elegido presidenta del partido a la candidata de Angela Merkel que dimitió tras dos derrotas electorales en Baviera y Hesse. Parece que las aguas vuelven a su cauce y que el gobierno de gran coalición con el SPD seguirá. Al menos por ahora. La estabilidad alemana es relevante porque es la clave de la UE. Pero el incremento de votos de la extrema derecha populista sigue ahí. Además, el BCE empieza a retirar los estímulos monetarios que apuntalaron la salida de la crisis, lo que genera cierta preocupación. Y a Mario Draghi se le acaba el mandato a finales del 2019. Elegir al sucesor no será fácil. Con todo lo decisivo serán las elecciones de mayo. La extrema derecha nacionalista no debería irrumpir con fuerza en el Parlamento Europeo.

No es que el horizonte estuviera claro –ni mucho menos– pero ahora es más incierto. No sólo por Andalucía sino por el esperpento Torra del puente de la Constitución: invocación de la unilateral vía eslovena a la independencia en la que hubo confrontación militar y violencia –luego rechazada incluso por los partidos que le hicieron presidente– y caos monumental en su mando sobre los Mossos que acarreó que la vital autopista del Mediterráneo estuviera cortada al tráfico durante quince horas.

Es indudable que la crisis catalana, aunque no determinante, ha influido en el resultado andaluz. El PSOE sigue siendo la primera fuerza, pero perdió 402.000 votos, el PP 316.000 y Adelante Andalucía-Podemos 282.000. Por el contrario, subieron Cs, con Inés Arrimadas, la candidata en Cataluña, como animadora de la campaña (289.000), y todavía mas Vox, que de la nada saltó a 377.000. Y Vox basó todo en Cataluña y la inmigración.

Con este resultado, y Torra boicoteando la desinflamación y flirteando con los CDR, Pedro Sánchez no está en fase terminal como pregona la derecha, pero sí ha perdido puntos y se ha adentrado en zona de peligro. El propio Josep Borrell ha dicho en un foro de ABC que a corto la desinflamación ha tenido escasos resultados y, por primera vez desde la moción de censura, una encuesta mensual –la de Celeste– dice que el PSOE seguiría ganando las legislativas, pero que el PP casi empataría. Todavía más, que tomando sus horquillas máximas, la suma del PP, Cs y Vox (le da 12 diputados) podrían llegar a la mayoría absoluta.

Sánchez tomó nota del cambio de viento en su comparecencia del miércoles en el Congreso. Va a continuar la política de desinflamación, pero resaltó que no admitirá ninguna violación del orden constitucional. Y va a presentar los presupuestos en enero, aunque su aprobación esté muy en el aire. Una votación que inevitablemente tendrá consecuencias. Además, mantiene el Consejo de Ministros en Barcelona para el próximo viernes. Es una apuesta que tiene riesgos (a no despreciar) y que el influyente ministro Ábalos no veía, pero la capital catalana es España. Punto.

Tras las meteduras de pata de Torra, Joan Tardà (ERC) y la "consellera" Elsa Artadi, especialista en corrección de errores presidenciales, han echado agua al fuego para intentar apagar el incendio. Pero es indudable que las facciones más radicales del independentismo van a intentar protestar con energía y no siempre de forma civilizada. Una consigna de los CDR, citada por Màrius Carol en "La Vanguardia", dice textualmente: "el día 21 seremos ingobernables, tumbaremos el régimen".

La desgracia de Sánchez es que la desinflamación ha contado –por designio o por estupidez– con la enemiga de Torra, que el inminente juicio a 18 dirigentes independentistas (9 de ellos en prisión preventiva) dificulta la distensión y que, aunque ahora ERC y el PDeCAT estén asustados, la dinámica Torra favorece la explosión de las protestas contra los gobiernos, algo que –ahí está lo sucedido en Francia– no es una exclusiva catalana.

A Sánchez el terreno se le ha vuelto más resbaladizo. Veremos cómo salva el viernes 21.
En la derecha el horizonte es aparentemente mejor. En Andalucía hay mayoría de derechas. Por primera vez ha ganado a la suma del PSOE y los grupos a su izquierda (50% a 44,1%), pero ¿cómo se puede articular esa mayoría? El PP ha llegado primero, pero ha perdido 300.000 votos mientras que Cs no ha logrado el "sorpasso" pero ha ganado 289.000. ¿Presidencia del gobierno para el PP y del parlamento para Cs? Sería lo lógico. Pero no suman, necesitan a Vox, que además quiere y necesita protagonismo para proyectarse en toda España.

El PP de Casado no tiene ningún problema en hacerse la foto con Vox (aunque legitimarla puede favorecer la fuga de votos), pero para Cs la papeleta es más complicada. Si en Andalucía asume un tripartito con el PP y la extrema derecha, ¿qué quedará de la marca centrista de Cs? Además, los socios liberales de Cs para las elecciones europeas –en primer lugar Macron– tienen como enemigo fundamental a la extrema derecha de Marine Le Pen que se apresuró a felicitar a Santiago Abascal.

Rivera y Casado han ido juntos pidiendo otro 155 para Cataluña. Es un planteamiento arriesgado y seguramente equivocado porque el gobierno catalán –guste o no– revalidó su mayoría hace un año. Y en Euskadi hubo etapas con el orden público mucho más degradado que en la Cataluña de hoy y Aznar no aplicó nunca el 155 para destituir a Ibarretxe.

Y hay dudas razonables sobre el futuro. Un tripartito de derechas en Andalucía –la fórmula que Aznar recomienda– proyectaría inevitablemente la sombra de un tripartito similar para toda España. ¿Sería el tripartito de derechas una fórmula atractiva para unas elecciones legislativas? ¿Es el tipo de gobierno que le conviene a España?

Claro, Cs podría tragar en Andalucía y luego, para desmarcarse, hacer en algunos ayuntamientos y comunidades autónomas (quizás Castilla-La Mancha o Aragón) coaliciones con el PSOE menos sanchista. Pero ¿y si Sánchez convoca en febrero o va al superdomingo de mayo?
La cuestión de fondo es que a Rivera le iban bien –contra Rajoy– las carantoñas de Aznar. ¿Le conviene ahora y en el futuro formar parte de un tripartito aznarista? Curiosamente –acierte o no– hay días en los que parece que Pedro Sánchez recomienda ese tripartito.

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