21 de diciembre de 2018
21.12.2018
La libreta del duque de Chantada

El método 'Peras' al asalto del Carpena

21.12.2018 | 05:00
Velimir Perasovic

Cuando uno tiene la oportunidad de hablar con jugadores de baloncesto de la extinta Yugoslavia entiende por qué de su éxito en el deporte de la canasta. Trabajo, dedicación y esfuerzo. Una formación polideportiva y muchos años de trabajo juntos. Velimir Perasovic es un claro ejemplo de ello, aunque en su formación destacaban dos deportes: El fútbol y el baloncesto. Dentro de esa formación sin especializar desde el principio, «Peras» alternaba las posiciones de delantero y defensa en el fútbol. En una entrevista a El País reconocía que «mi padre era funcionario y futbolista amateur. El baloncesto fue mi amor desde el primer día». Kukoc, Radja, Ivanovic, Pavicevic€ la mayoría de aquel equipo de la Jugoplastika que maravilló al mundo jugaron unidos desde niños, protegidos por aquella ley que impedía salir a los profesionales del país hasta que cumplían los 27 años.

Perasovic encontró un ejemplo en alguien sólo un año mayor que él: Drazen Petrovic. Ambos coincidieron durante 6 meses en 1983, con 18 años, haciendo la mili. Velimir veía como Drazen «se entrenaba todos los días, a veces sin sentido. Con chalecos con pesas, corriendo muchísimo. Yo conocía mis defectos, y debía trabajar mucho. Llegué más lejos de lo que mi físico y mi talento hacían pensar». Era una dinámica de trabajo que hizo temible a la Jugoplastika. «Si entrenas más, serás mejor. La ambición te empuja. Competíamos por ver quien trabajaba más».

A pesar de su gran calidad, en aquel maravilloso equipo, no tenía el estatus de estrella que luego conseguiría en España. Su aterrizaje fue en el DYC Breogán en 1992. Manel Sánchez, el mejor jugador de la historia del equipo gallego, dejaba el club y el gerente del equipo gallego, Víctor Varela junto al entrenador Ricardo Hevia buscaban un sustituto. Habían fichado al que pensaban sería su estrella Claude Riley y necesitaban a un gran jugador exterior. Hevia le conocía muy bien, le había visto jugar muchas veces con el POP 84 en A Coruña, a causa de la Guerra de los Balcanes. Cuenta el entrenador asturiano que cuando le ofreció la posibilidad de venir estalló de alegría y que hasta Drazen Petrovic le dijo que «fichaba al mejor escolta de Europa».

Su ética de trabajo enamoró a todo el mundo desde el primer día. Pedía las llaves del pabellón para entrenar. «No me gustaba salir en los días libres y entrenaba». Cuando estaba lesionado iba a entrenar a las seis de la mañana para que nadie lo viera, al acabar todos los entrenamientos realizaba 300 tiros a canasta de manera voluntaria y mientras otros salían, él paseaba con su mujer y su hijo por la popular Rúa da Raiña de la capital lucense.

Aprendió español desde el primer día como forma de respeto hacia el lugar donde trabajaba. «Si vienes a España y hablas inglés, ¿Qué significa esto?», le comentaba a Juan Carlos Villena en una entrevista. Este amante de la Historia, sobre todo de la II Guerra Mundial y la Guerra Civil española ha llevado esa filosofía del esfuerzo al banquillo. Asegura que no es duro si no justo con sus jugadores, que en la anarquía no se juega bien y que no importa perder si das el máximo. Este hombre que lo ha ganado todo como jugador busca ahora los títulos en el banquillo al frente del Baskonia después de sustituir a Pedro Martínez. El Carpena será una de sus primeras grandes pruebas de fuego.

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