23 de diciembre de 2018
23.12.2018
La Opinión de Málaga
Tierra de nadie

Obras completas

23.12.2018 | 05:00
Obras completas

Me pica la piel, según el médico por culpa de la calefacción, que reseca una barbaridad. Pero me lo había dicho antes un zapatero al que fui a consultar sobre el deterioro de mis mocasines casi nuevos:

-Tiene usted que darles una crema hidratante. En Madrid, dentro de las casas, el ambiente es muy seco.

Crema hidratante para los zapatos, jamás se me habría ocurrido. La piel es el órgano más grande del cuerpo, el que más ocupa, el que más pesa. Si me la pudiera quitar, como el abrigo, no cabría, ni siquiera bien doblada, en ninguno de los cajones de mi armario empotrado: tienen todos muy poca profundidad. Ahora voy en el metro, rabiando por culpa de la etiqueta de la camisa, que excita una zona de la espalda a la que me cuesta llegar para rascarme. La vida está llena de pequeños sucesos dermatológicos, de pequeños sucesos renales, de pequeños sucesos hepáticos. De un tiempo a esta parte no puedo usas calcetines largos porque me producen un prurito insoportable en el tobillo (perdón por la utilización de prurito, es por no repetir picor).

Voy en el metro, digo, observando las pieles de mis contemporáneos (y contemporáneas: el genérico no alcanza). Son todas iguales y todas diferentes, en parte porque viajo en una línea con mucha diversidad étnica. Qué gran riqueza cutánea, pienso. En esto, se me acerca un conocido al que hace años que no veo. Le doy la mano consciente de que le estoy ofreciendo parte de mi piel al tiempo de valorar la suya, que me resulta un poco áspera, como si la hubiera introducido en un cubo de cenizas. Me vienen a la memoria las cenizas de mis padres, a los que incineramos en su día. Las acaricié, por curiosidad, y me desagradó su acto. La piel de mi madre era muy suave, sin embargo. Pero allí no había piel, claro: a determinada temperatura se evapora, como el agua.

Tengo desde hace mil años una colección de Obras Completas de diversos autores encuadernadas en piel. Me acerco a comprobar su estado y parece que tienen sarna, no sé, o lepra, pobres. Debería haberles administrado con periodicidad una leche reparadora, una crema hidratante. ¿Les picará la piel a esos volúmenes como a mí los tobillos? Todo son preguntas.

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