11 de enero de 2019
11.01.2019
Tribuna

La lactancia materna

11.01.2019 | 05:00

La especie humana, como la mamífera, necesita cuando nace obtener su alimento de la leche materna. Por esta razón, en las glándulas mamarias, tienen lugar una serie de modificaciones que las capacitan para iniciar y mantener, durante este período, una secreción láctea adecuada. El estado de las mamas durante el embarazo persiste los 2 a 3 días que siguen al parto. En este tiempo, no contienen leche, sino una pequeña cantidad de 'calostro', que en comparación con la leche madura, es más rica en proteínas y minerales y menos en azúcar y grasa. A partir de este momento, los pechos aumentan de tamaño y se vuelven más firmes y dolorosos, lo cual indica ya el comienzo de la secreción láctea; al mismo tiempo, la mujer puede experimentar cefaleas, cansancio y, a veces, ligera elevación de la temperatura.

Respecto al inicio de la alimentación materna, hay un consenso bastante generalizado por parte de los pediatras, en que se realice en las primeras horas de vida, con intervalos pequeños y frecuentes (cada 3–4 horas con pausa nocturna) y con una duración de cada tetada de 10 minutos. Y para que transcurra con normalidad y no sea dolorosa, la higiene de los pezones mamarios debe ser muy cuidadosa desde el comienzo de la gestación; conviene, por tanto, que se aplique diariamente, con el fin de hidratarlos y endurecerlos para que el recién nacido no los traumatice, unas pinceladas de glicerina y alcohol a partes iguales. Con ello, se evita la aparición de grietas, que pueden llegar a ser muy molestas y dificultar la lactancia del bebé.

Hoy, debido a la incorporación social de la mujer en los países desarrollados, está disminuida la incidencia de la alimentación materna y esto es negativo; está demostrado que sus ventajas sobre el pequeño son innumerables: es un alimento barato, de composición ideal, está a la temperatura adecuada, sin contaminación bacteriana y contiene inmunoglobulinas (defensas frente a enfermedades especialmente infecciosas) que protegen al niño de cualquier alteración de este tipo.

Por lo tanto, queda claro la gran importancia que tiene la lactancia materna y ya no sólo desde el punto de vista médico, en que la composición de la leche de la madre es superior a la de la artificial, sino también desde el punto de vista psicológico, pues el establecimiento de las relaciones afectivas entre la madre y el hijo, se favorecen con la lactancia natural.

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