11 de enero de 2019
11.01.2019
El ruido y la furia

Reconquistas

11.01.2019 | 05:00

El mar quiere reconquistar el mundo. Ola a ola, con la paciencia del tiempo, va invadiendo el mundo seco, dicen que a razón de tres milímetros por año, que al parecer es muchísimo, una barbaridad y una tragedia provocada por eso que llaman «cambio climático», que amenaza con ahogarnos a todos a la vuelta de unos años.

El mar construyó el mundo retirándose y ahora parece que se arrepiente de haberlo dejado en nuestras manos y por eso regresa a paso ligero por donde solía, a inundar las montañas, esas montañas de color violeta que se asoman a mirarme por la ventana del cuarto donde escribo.

Todo esto lo dicen los científicos, parece que ya con todas las pruebas necesarias, con toda la carga de la verdad comprobable. El mar se nos viene encima y pronto la primera línea de playa se situará en la Judería de Toledo.

Por lo visto, el fin del mundo va a ser una reconquista azul. Quizás esa es la razón de que haya gente por ahí hablando de eso, de «reconquista», como quien resucita las cruzadas y la Edad Media. «Reconquista» es un término marcadamente bélico que renace ahora en manos de gente que parece que solo las tiene para usar los puños. «Reconquista» guarda el concepto de volver a poseer, del modo que sea, aquello que nos pertenece por derecho, ya sea un país, una bandera, un amor.

Siempre me hizo pensar aquello de la «Reconquista» española, toda esa mitología que empieza en don Pelayo y los casi ochocientos años que costó «expulsar a los moros». Me chocaba la extranjerización que suponía para quienes habían nacido y vivido en sucesivas generaciones en aquello que se llamó Al Andalus, y que a mí me parecían (me siguen pareciendo) tan españoles como cualquiera, con independencia de a qué dios le rezaban, si al de los judíos o al de los musulmanes, que en el fondo es el mismo. Pero la historia oficial los trataba como a extranjeros, aunque hubiesen permanecido ocho siglos en el solar, simplemente por no ser cristianos, por no abrazar la cruz, por no rezar al mismo dios pero diferente. Y así hasta hoy mismo, cuando parece que algunos están empeñados en comenzar el camino de vuelta de aquella Reconquista justo donde terminó, dispuestos a llegar en dos oleajes a Covadonga para la última batalla o para la definitiva rendición.

Sí, por lo visto, el fin del mundo va a ser una reconquista azul en la que todo lo perderemos si no ponemos diques, si no lo paramos a tiempo.

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