22 de enero de 2019
22.01.2019
La Opinión de Málaga
El palique

Fitureando

Hombre, me alegro de verte, pero si esto parece la calle Larios y cuándo has venido y no sé si conoces ese sitio de moda

22.01.2019 | 05:00
Una imagen de Fitur, el pasado año.

Hoy en Madrid hay ya actos con motivo de Fitur. Fitur es un concejal eligiendo un traje. Este año, Fitur estrena consejero de Turismo. Se llama Juan Marín y es de Ciudadanos. Al turismo una sonrisa. Y una foto. A las fotos se adaptan todos pronto. Los consejeros de Turismo, más. El sector turístico querría una consejería dedicada solamente a esta actividad. Claro que también querrían los hoteles llenos los doce meses del año y no puede ser. El turismo en mayúsculas y en minúsculas ha sido siempre muy apetecido. Se le apeteció al Partido Andalucista y lo consiguió. Se murieron de éxito; se le apeteció a Izquierda Unida y lo consiguió. Ahora es el turno de Ciudadanos. También el PSOE lo ha gestionado. Cosas de la estacionalidad política.

Fitur es una inmensa alfombra por la que desfilan egos, concejales, asesores, periodistas, políticos, técnicos y touroperadores, sin olvidar curiosos, viajantes, directivos de grandes empresas y arramblapegatinas, tanto en su versión arrasallaveros como en su variante tiralevitas o pega-abrazos. Hombre, me alegro de verte, pero si esto parece calle Larios y a qué hora has venido y en qué hotel estás y no sé si conoces un sitio que me han dicho que está muy de moda. Qué haces esta noche. En Fitur se 'vende' la playa y el interior, la Semana Santa y un museo del chocolate, o uno de arte contemporáneo, del mármol, la quisquilla o la aceituna. Un escaparate de la gastronomía mundial, una feria de turismo colosal y variada a la que en esta ocasión amenaza una huelga de taxis. Madrid sin taxis es un enorme organismo atascado sin Rhinomer ni bálsamo que valga. Un rompeola de las Españas pero con un atascazo, el metro imposible, los Cabify atestados y un vocinglerío en la Castellana. Los cenáculos, merendáculos y desayunaderos del poder, de los elegantes hoteles, se ven aún más colmados, llenos, atestados, por gente de provincias. Madrid se beneficia de un gasto que es generalmente gasto de pólvora ajena.

Madrid es un restaurante de moda en el que nadie paga de bolsillo propio, otra de Emilio Moro y un postrecito al centro. Política de canapés, negocios que se cierran con la banda sonora del ruidito que hacen los cubitos de hielo en un vaso bajo semilleno de whisky en el bar inglés de un céntrico hospedaje. Tráeme algo de Fitur. En el Telediario saldrán gambas de Huelva, catedrales de Galicia, la Mezquita de Córdoba, el Thyssen, un nota escanciando manzanilla, un famoso de OT que visita el stand de su terruño, un futbolista, la maqueta de un campo de golf, la reina inaugurando si es que inaugura esta vez. Y los presidentes de las taifas patrias explicando a micrófono abierto por qué hay que visitar su región. Instagram echando humo. Mesoneros de buen humor. Precampaña de las municipales, el oso y el madroño, Cibeles, Torrespaña, la resaca de un gerente, el insomnio de un bedel, postureo en chándal desde el Retiro. Un sandwich caro en el aeropuerto. Y un frío que pela.

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