25 de enero de 2019
25.01.2019
Sol y sombra

Descrédito intelectual

25.01.2019 | 05:00

El PEN Club, intoxicado por su sucursal catalana, se ha dejado arrastrar al abismo indecente y tergiversador del independentismo. Este selecto grupo intelectual fundado en Londres para promover la cooperación entre escritores y, en algunos momentos de su historia, defensor de derechos civiles y humanos ha caído en la trampa que le han tendido algunos de sus asociados sobre los presos políticos que en realidad son políticos presos. Mario Vargas Llosa –bien hecho– ha renegado de esta asociación mundial que presidió entre 1997 y 1980 tras leer atónito el comunicado difundido pidiendo la libertad de Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. España es una democracia como otra cualquiera de la división en que milita, que en su caso es la primera. Como tal ampara los derechos de libertad de sus ciudadanos. Y como dice Vargas Llosa, en su carta de renuncia, quienes están presos o fugados y van a ser juzgados por el Tribunal Supremo no lo están por lo que creen y defienden sino por haber sido parte activa de un intento de golpe de Estado, en contra de la Constitución y de las leyes que regulan dicha democracia. El resto son patrañas admitidas por unos escritores que no se han molestado en comprobar los hechos antes de juzgarlos. Suyo es el descrédito de haber sucumbido a la ficción. En el estupendo retrato que Paul Berman hizo al principio de esta década de los intelectuales cobardes y huidizos, víctimas de los malentendidos al hablar del terrorismo, reconocía que hay cosas que no se entienden si no se explican en su totalidad. La incursión del secesionismo catalán en el delito no parece difícil de comprender pero el Pen Club no se ha tomado, sin embargo, el interés en testarla. ¿Qué opina el Gobierno sobre esto?

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