26 de enero de 2019
26.01.2019
Málaga Solidaria

Y la casa sin barrer

26.01.2019 | 05:00

El absentismo escolar entendido como ausencias injustificadas del alumnado al centro educativo en edad obligatoria de participar en el sistema educativo es un problema presente en nuestra sociedad. Andalucía en 2017, según los datos facilitados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, es una de las comunidades autónomas con una de las tasas más altas de abandono escolar temprano (23,5%).

¿Por qué persiste dicha problemática en nuestras aulas? Desde Prodiversa hemos comenzado, de nuevo en este curso escolar, a trabajar el problema del absentismo en diferentes centros educativos de Málaga. Las primeras conclusiones extraídas de nuestra intervención es que la desmotivación y el abandono escolar van de la mano para abordar el absentismo. También es necesario señalar que el absentismo no solo está presente en el día a día del menor sino que también dañará, de manera directa, su futuro sociolaboral y personal. Por ello, el abordaje de las conductas absentistas está asociado a la atención de los menores y de factores familiares, económicos, sociales y culturales. Por lo cual, no debemos olvidar que no hay niños problemáticos sino niños con problemas. Asistir a clase no implica éxito escolar. De hecho, el alumnado que pasa de Primaria a Secundaria es el que comienza a mostrar desmotivación y abandono que, al final, resulta convertirse en absentismo. En los centros hemos observado características comunes en el alumnado absentista: desmotivación por falta de objetivo profesional, problemas de conducta, nula capacidad a la frustración, problemáticas familiares, etc.

Acuden al instituto con problemas personales, no descubren su vocación y entonces, poco a poco, pierden interés por finalizar sus estudios. Además de esto, el profesorado debe cumplir con los objetivos de contenido curricular (matemáticas , lengua€), disponiendo de una hora a la semana en un aula con 25 personas. En este periodo de tiempo deben para tratar temas que al alumnado les pueda resultar interesante para su futuro como, por ejemplo, qué cualidades personales tiene, aprender habilidades sociales, etc. En definitiva, trabajar junto al desarrollo académico, su autoconocimiento y desarrollo personal y, así, descubrir su meta vocacional.

Una atleta corre para ganar, una doctora quiere curar pero, hoy en día, parece que sólo importa ser inteligente en lo académico, no en lo emocional. Pienso que atrás quedaron los años de estudiar para no aprender nada y sacar nota. Nuestro sistema educativo no sólo debe asentar las bases para nuestros grandes profesionales del futuro sino que, además, debe crear grandes ciudadanos. Pero para ello hay que hacer examen de conciencia por parte de los agentes que intervenimos en el absentismo escolar. Queremos generaciones futuras brillantes pero las familias sobreprotegen, los gobiernos juegan con las leyes, los recursos públicos son escasos o de dudosa gestión, el esfuerzo y la constancia no entran en nuestro día a día. Por todo ello, no puedo pensar que «el niño no quiere hacer nada», es que el niño pasa de todo»€ Porque como ya señaló Víctor Hugo, «no hay malas hierbas ni malos hombres, solo hay malos cultivadores».

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