05 de febrero de 2019
05.02.2019
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La imperfección de Messi

05.02.2019 | 05:00

El historiador y teólogo mexicano Enrique Dussel sostiene que el liderazgo perfecto exige su disolución, puesto que en ese momento el líder deja de ser necesario. Así, un programa televisivo sobre libros perfecto sería aquel que nadie vería porque habría conseguido que todos los espectadores apagaran el televisor para dedicarse a leer, y una revista de viajes líder conseguiría que los viajeros dejaran de leer la revista e hicieran las maletas para irse de viaje cerca o lejos, al barrio de al lado o a Atenas, durante unas horas o varias semanas. Según esa lógica, un político será un gran líder cuando su cara no sea necesaria en los carteles electorales, y un futbolista líder se disolvería en su equipo de forma que no habría necesidad de que todos le buscaran con la mirada, con el corazón y con los pies, y remontar un 0-2 no sería solo cuestión de la inspiración y talento de un jugador excepcional. Messi, entonces, no es un líder perfecto. Las viejas películas nos enseñaron que cuando el jefe de los malos cae en la batalla, la victoria es segura. Matar al líder es acabar con el espíritu de lucha de los suyos, y ahí está la debilidad de ese líder y de ese grupo. El Barça perdía 0-2 con el Valencia y Messi marcó dos goles, el segundo surgido aparentemente de la nada, como si fuera un Big-Bang futbolístico que podría traer de cabeza a incontables generaciones de físicos. Con el empate, los aficionados del Barça veíamos cerca la remontada y ya casi estábamos pensando en la eliminatoria de Copa con el Real Madrid€ Y llegó la lesión de Messi. Después de un par de minutos en la banda, Messi volvió al terreno de juego, pero Messi es de carne, hueso y músculo y ya no pudo tirar del equipo. Messi se paró y el Barça se detuvo. Si Messi deja de liderar al Barça, el Barça se transforma en un equipo aseado pero seco. Creo que el problema no es tanto que Messi no juegue un partido como que Messi se vaya lesionado de un partido. Si Messi no está, ni se le espera, entonces hay una voluntad popular en el equipo que, como ya hemos visto en esta misma temporada, es capaz de ganar partidos muy difíciles. Pero si Messi está en un partido y, por tanto, se le espera, pero se lesiona, entonces todo se derrumba como un castillo de naipes edificado sobre la batería de AC/DC. Eso fue lo que ocurrió el sábado ante el Valencia. Messi no es un líder perfecto, vale, pero se acerca a lo que yo, simplemente, soñé.

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