06 de febrero de 2019
06.02.2019
Tribuna

El desorden del mundo

06.02.2019 | 05:00

En estos días llenos de testosterona, en los que hemos sido testigos del pulso entre Trump y Maduro, y entre éste y Pedro Sánchez, y entre el presidente español y PP y Ciudadanos por la crisis de Venezuela, una mujer, Nancy Pelosi, ha destacado por haber puesto en su sitio al mandatario estadounidense. La presidenta de la Cámara de Representantes, y tercera autoridad de su país, no transigió en las pretensiones del presidente de EEUU de conseguir financiación para el controvertido muro en la frontera con México y de momento ha ganado la partida, aunque se ha saldado con más de un mes de cierre parcial de la Administración, con las consecuencias que ya conocemos. Se dice que si las mujeres gobernaran el mundo, este sería mejor. Es una frase hecha, porque cada cuál conoce sus limitaciones, pero lo curioso es que un par de mandatarios hombres juegan a medírsela, mientras en sus países anda todo revuelto, y a la gente le da por inundar de 'memes' la red con la caricatura del líder venezolano a ritmo de pasodoble español. El orden es una filosofía de vida. Lo dice Marie Kondo, una gurú mundial de este tema, que nos ha hecho ver lo difícil que nos resulta desprendernos de lo que no nos hace felices.

En la serie de Netflix, Kondo se mete en casas donde el caos es hiperbólico, del nivel de un síndrome de Diógenes, como un atrezo calculado para darle más efecto a su intervención. La cara y las lágrimas de los inquilinos al finalizar el proceso de sanación son un poema. Normal, por fin son capaces de localizar su cama al final del día. Pero la conclusión es que para vivir mejor debemos desprendernos de las cosas que nos sobran, que no funcionan o que no nos sirven. No sé cómo sobrevivíamos antes de ella. El orden nos mantiene lúcidos, y su exceso nos debilita el pensamiento y la crítica, la creatividad. No se pueden meter en cajitas las mentes de los individuos, y sin embargo es la tendencia actual. Dime cuál es tu postura sobre los inmigrantes, las mujeres o Cataluña y te almacenaré convenientemente etiquetado. Eso es lo que harán en las próximas elecciones los partidos políticos, que podrán elaborar perfiles ideológicos a partir de la información que usted y que yo consultamos en internet. Es una estrategia peligrosa porque reduce el electorado a un bloque homogéneo fácilmente manejable con solo apoderarse de un par de eslóganes efectistas. Con el permiso de la demagogia, el voto se convierte en un cheque en blanco para desarrollar tesis que empiezan y acaban siendo una doctrina vacía de sentido común y de realidad y que promueven la polarización; o estás conmigo o contra mí. Se invierte el flujo por el que la política debería recoger las sensibilidades de la gente y se convierte en el dictado de lo que tenemos que pensar. Lo que nos lleva a la escuela. Una madre de una adolescente me expresaba el otro día su preocupación por la posibilidad de que los jóvenes se estén acogiendo cada vez más a estereotipos que les hacen desarrollar una intolerancia inusitada hacia los que consideran diferentes o quienes discrepan. El racismo o las conductas machistas siguen instalados en la sociedad y se transmiten a aquellos que pueden ser más permeables a determinado tipo de mensajes de fácil acceso en las redes. Se preguntaba esta madre de qué servirá educar a su hija en igualdad si la sociedad no impide que crezca el proselitismo del odio. ¿Está condenada a luchar toda su vida contra molinos de viento? Hace falta sentar las bases para una madurez social, para garantizar que en el futuro haya personas dispuestas a plantar cara, con argumentos lógicos y soluciones coherentes, al tremendo desorden que se avecina si no le ponemos remedio.

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