10 de febrero de 2019
10.02.2019
Sol y sombra

Un país de majaras

10.02.2019 | 05:00

Las últimas horas del «procés» han provocado, cuando no la indignación, el hazmerreír, y por mucho que el asunto resulte enojoso, conviene tomárselo a broma. El Pequeño Nicolás se ha ofrecido como «relator» en Cataluña y El Gran Wyoming ha propuesto un casting televisivo para elegirlo. Sin embargo, creo yo, podrían ahorrarse cualquier tipo de discusión sobre este asunto y nombrar directamente a José Luis Rodríguez Zapatero, al que adornan todas las virtudes diplomáticas que se requieren para brillar en una situación tan delicada. Lo avalan su deslumbrante actuación en Venezuela y la incipiente obra maestra de su mandato presidencial: el diálogo entre civilizaciones. Con Zapatero es posible que la cuestión catalana siga siendo un asunto secular sin resolver, pero lo que Pedro Sánchez pretende no es despejar el camino común sino el suyo propio, de manera que valdría con una solución provisional para ir tirando. De ello podría resultar una victoria diplomática de prestigio que corrobore la suerte que ha tenido este país por encontrarse al frente de su destino a estadistas de la talla de Zetapedro. La situación puede empeorar. De eso no cabe duda. Pero está bastante mal. Por resumirla: para hablar del apoyo a un presupuesto, el más oneroso de la historia, el Gobierno más débil de las últimas décadas se ha comprometido a hablar del futuro de España con quienes pretenden separarse de ella y no paran de denigrarla, todo a una semana del juicio en el que están imputados algunos de los cabecillas que dirigieron la supuesta rebelión institucional. Cualquiera pensaría que este es un país de majaras, dicho con la mejor intención de tomárselo a broma.

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