14 de febrero de 2019
14.02.2019
Perdidos y encontrados

Osos polares

14.02.2019 | 05:00
Osos polares

Se mueve por los vestuarios de una instalación militar. Aunque también estas líneas hablen de política y de Cataluña miro cómo el animal se ve en el vídeo que ha colgado un soldado ruso en Twitter. Parece un enorme peluche, blanco y mullido, pero no lo es. El oso polar es el plantígrado más poderoso que existe. Sentado en el templado sofá del salón de mi casa vi hace unos meses en documental que daba frío en La 2. El narrador contó cómo un oso polar podía partir prácticamente a un explorador en dos de un zarpazo, sorprendiendo al hombre cuando estaba refugiándose de la tormenta de nieve en su tienda de campaña.

Como su nombre indica, el oso polar debería vivir en el Polo, pero estos animales se acercan cada vez más, siendo cada vez menos, a las ciudades que encuentran en su desesperada migración, obligados por el hambre. Eso ha ocurrido en Belushya Guba, la isla más poblada de un archipiélago ruso. En ella se contabilizaron hasta 52 osos (no llegan a 25.000 los que quedan ya en todo el planeta) hurgando en la basura y buscando comida en los alrededores incluso de la escuela. Es similar a lo que hacen en Málaga las gaviotas, pero más triste y mucho más peligroso. Los belushyogubos, o como sea el gentilicio de esa isla rusa que ahora no voy a buscar, no recuerdan algo así. Ese hecho y la imagen viral de algún oso solo y subido en un minúsculo trozo de hielo semiderretido, flotando a la deriva sobre el gélido azul del Ártico, prueban, más que mil artículos para los interesados más escépticos, la existencia del cambio climático.

En España está pasando algo parecido en el ámbito político. Los habitantes de los extremos polares buscan el calor y la financiación del reparto institucional impelidos por el cambio electoral. Nada es ya como antes. Los partidos se apiñan en el Congreso, cada vez más juntos los escaños de unos y otros. Y todo apunta a que llegará Vox para apretarlos más aún, ese partido nuevo con pinta de peluche y garra retráctil. Ya casi nada es rojo o azul. Todos parecen gatitos en posiciones distintas en las redes sociales. Todos utilizan el wattssap para darnos la mano y que nosotros se la demos después por la ranura de la urna. Se intercambian los diseñadores de marketing sin el más mínimo prejuicio, se acercan y se alejan por conveniencia puntual en según qué fotos y el aire abochornado que llega del mare suyo que ya es el Mediterráneo catalán a la meseta les ha dado alas a casi todos. Por eso ahora todos intentan sentarse entre el público del llamado juicio del procés, con la suprema estrategia en el Supremo de escarbar por sus sesiones a ver qué sacan.

El cambio climático derrite los polos y, nos alertan, a todos nos afectará la subida del nivel de los océanos con toda esa agua descongelada. Se está perdiendo el Norte. Como desnortados tropiezan entre ellos quienes políticamente parecían el sur. Tampoco yo recuerdo haber visto tantos osos polares merodeando abril, aunque estemos en febrero...

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