16 de febrero de 2019
16.02.2019
Galaxia urbanita

Elena

16.02.2019 | 05:00
Ilustración de Carmen Larios.

¿Pedro?
–¡Ana! ¿Qué tal?, ¿cómo estás?
–Bien, ¿y tú?
–¡Genial! Hace un mes que me han hecho fijo en la empresa.
–¡Vaya, eso sí que es raro escucharlo hoy en día!
–Bueno, entre tú y yo, no es exactamente fijo, aunque en realidad es muy parecido. Es un horario un poco jodido, de ocho de la noche a ocho de la mañana, y cobro una mierda, pero tengo dos fines de semana libres al mes. Y tal y como están las cosas, es lo que hay, encima no me voy a quejar, ¿no?
–Pues yo creo que si nos quejáramos más€
–¡Ay, Ana, siempre tan idealista! No has cambiado.
–¿Idealista yo? Pero€
–No tienes que excusarte, es bueno que haya gente como tú. Tú ya sabes que yo soy más del bando realista-pesimista. Y eso se refleja en lo que escribo. Porque sigo escribiendo, ¿sabes?
–Me alegro por ti.
–Gracias. A mí eso de hundir tecla me encanta. Desde que era pequeño, he escrito todo lo que se me pasaba por la cabeza. Tengo escritas más de diez novelas, ya sabes.
–Por lo que recuerdo eran quince, no diez. Y eran novelas, vale, pero sin acabar. ¿Has terminado alguna?
–Qué negativa eres, Ana. Te cuento lo que pasa: la literatura y el mundo han cambiado. Ya nadie se interesa por el papel ni por las novelas, eso es cosa del siglo pasado. Ahora la mejor forma de expresarse, hazme caso, es a través de las redes sociales. Ahí se cruzan miles de historias, se interconectan unas con otras y se produce el milagro cotidiano de la inteligencia colectiva. Y el caso es que eso yo lo vi venir, hace muchos años que estoy enganchado.
—Sí, me acuerdo. Siempre con tu blog, el Twitter, el Facebook, Instogram€
–Ja, ja, ja. ¡Es Inssstaaaagram! Ana, Ana, deberías bajar al mundo real y empezar a ser tú misma.
–A mí me parecen una pérdida de tiempo, la verdad.
–Para nada, las redes sociales lo son todo, si no estás en ellas, no existes. ¿Y tú, alguna novedad?
–Pues me apunté a un taller de escritura creativa en la librería Proteo, me autoedité un libro de relatos y€
–Yo no creo mucho en eso de los talleres de escritura€ Se nace o no nace, ¿entiendes? La creatividad no se puede enseñar, y menos esas chorradas de la estructura y los esquemas, que se inventaron para coartar el talento y que todo suene igual. Y la autoedición€ Por favor, yo, si no apuesta por mí un editor como Dios manda, no publico. Ese no es el camino, Ana.
–El caso es que€
–Claro, claro, para echar el ratito y que suba la autoestima está bien. En fin€ Mira, cinco mil doscientos cuarenta followers en Twitter y cuatrocientos noventa y ocho amigos en el Face€ ¡No! Quinientos uno, ja, ja.
–¿Y eso te sirve de mucho? ¿Os vais de fiesta o ligas por ahí o qué?
–Ja, ja. Eres muy tradicional, Ana.
–¿Yo?
–Oye, ¿continúas de teleoperadora, dando la tabarra a los sufridos mortales a horas intempestivas?
–Sí, aunque€
–¡Quinientos tres, estoy triunfando con mi nuevo post! Hazme caso, Ana. Piensa en ti. Se te pasa la vida, no evolucionas.
–Pero€
–Sin peros, no te excuses. A veces me acuerdo de ti€, bueno, de nosotros. Éramos una bonita pareja. Me dolió mucho que acabara lo nuestro.
–¿Lo nuestro?
–Es normal que estés enfadada conmigo, no te culpo, pero alguien tenía que dar el primer paso€ Y tú eres tan estática, tan parada.
–Yo€
–Sí. Tú tienes que cambiar. La vida es otra cosa, Ana.
–Pero ¿tú de qué vas?
—No me interrumpas, por favor. Eres una mujer que vale mucho, solo que no te lo crees. Confía más en ti, busca tu propia voz.
–No sé qué película te has hecho en la cabeza. Nunca estuvimos juntos, solo compartimos piso un mes y nos enrollamos un par de veces. No lo dejamos, me salió pronto un piso mejor y más barato, cogí mis cosas y me fui. Del libro de relatos que hice en el taller he vendido bastantes y ha sonado por ahí. La semana que viene firmo un contrato con una editorial.
–¿Eh?
–Y por cierto, no me llamo Ana, me llamo Elena. Adiós.
–¡Oye, tenemos que seguirnos en Twitter!

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