13 de marzo de 2019
13.03.2019
Entre el sol y la sal

Intentaré acabar con el feminismo

13.03.2019 | 05:00
Nadia Murad

Pues resulta que mi esposa está embarazada y, lógicamente, hemos pasado el tiempo necesario fantaseando sobre el sexo del futuro bebé. En ese periplo no he conocido ni una sola mujer, y han sido muchas, que no me haya dicho que los niños son más nobles y que las niñas son más cariñosas. Lo importante, les contesto siempre con boca pequeña y sonrisa grande, es que venga sano, aunque en el fondo de mi ser prefiero que sea niña. En este impasse de espera me he preguntado en qué momento esos benditos angelitos pierden esa nobleza para convertirse en cabrones machistas, asesinos en potencia, puteros irredentos, agresores sin derecho a presunción de inocencia, malditos adoradores del heteropatriarcado o esclavistas sin escrúpulos.

Ahora, cuatro meses más tarde, nos dice la ginecóloga que esperamos una niña, así que, una vez celebrada la gran noticia, me toca plantearme el mundo al que llegará, las circunstancias que le rodearán o la sociedad que se encontrará, y lo cierto es que llego a una conclusión que, a buen seguro, comparten todos los padres del mundo: haré todo lo que pueda para que sea una buena persona.

Intentaré alejarla de figuras como Ana Julia Quezada, asesina confesa del pequeño Gabriel, o la chica que hace dos semanas dio a luz y tiró su bebé bajo un coche, o Pilar Baeza, la candidata a la alcaldía de Ávila por Podemos que participó en el asesinato de Manuel López y juró a sus padres que no sabía nada mientras lapidaban el cadáver que habían tirado al mismo pozo junto al que posó para Interviú, o la madrileña que mató a golpes a su hijo de un añito, o aquella otra mujer que confesó haber denunciado falsamente a su novio por celos, o la que raptó a sus hijos para negar a su padre cualquier tipo de contacto, o de tantas mujeres cuyos actos demuestran que la maldad no es coto privado del hombre. También intentaré que mantenga las distancias con las asociaciones que reparten carnets de buenas mujeres, las que están lideradas por hombres que dictan el aborregado discurso a repetir por según qué féminas, las que creen que la raíz del problema radica en confundir la 'a' con la 'o', y las que funcionan bajo el ordeno y mando de un sátrapa con coleta que no dudaría en azotarla hasta que sangre.

Intentaré que se acerque a figuras como Nadia Murad, premio Nobel de la paz por su lucha contra la violencia sexual, la actriz Anna Magnani, la doctora Tu Youyou, la escritora Svetlana Aleksiévich, la remachadora Naomi Parker Fraley, la periodista Oriana Fallaci, o Rosa María García-Malea, primera piloto de caza del ejército español, la filántropa Cicely Saunders, la modelo Claudia Schiffer, la jurista Mercedes Formica, la analista Ana Navarrete o la capitana de la selección absoluta de fútbol femenino, Marta Torrejón, y a tantísimas mujeres cuyos actos demuestran que la excelencia supera muchísimas veces a lo masculino.

Intentaré que arte, grandeza, determinación, libertad, ciencia, valentía, plenitud, dignidad, oportunidad, elegancia, respeto, inteligencia, albedrío, empatía, literatura, justicia o alegría sean palabras cotidianas de su vocabulario, y que infames como José Bretón, Cuco, José Enrique Abuín, Miguel Carcaño, Santiago del Valle o Bernardo Montoya no sean más que viejos ecos de tiempos olvidados.

Intentaré darle las armas necesarias para que ningún imbécil y ninguna sectaria descerebrada le amarguen la existencia. Cada intento será un paso más en ese duro camino que llamamos vida, el que andaremos juntos bajo la luz y el espejo de su madre, para que un día muy lejano me diga: papá, tengo una vida muy feliz.

Y en ese momento, en ese justo instante, el feminismo habrá perdido su razón de ser.

«La finalidad del feminismo es que deje de existir», Chimamanda Ngozi. Escritora y activista nigeriana.

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