15 de marzo de 2019
15.03.2019
La libreta del duque de Chantada

El increíble camino de Jacob Wiley

15.03.2019 | 05:00

«Hay cientos de jugadores elegibles para ser reclutados en el draft de la NBA en junio, pero es probable que nadie tenga un camino más retorcido y una historia más fascinante que Jake Wiley». Así comienza un escalofriante artículo del periodista Matt Norlander para CBS Sport sobre el poderoso jugador del Gran Canaria que titula «Un camino de vida o muerte». La vida del jugador californiano ha estado muy lejos de ser fácil y como se recuerda en el articulo: «La mayoría de los que actúan como hizo Jake en la adolescencia van a la cárcel». Pero Wiley siempre fue un superviviente.

Nació en Long Beach, California, de una madre negra, Sheree Gilkey, y de un padre blanco, Jeff Wiley, que nunca llegaron a casarse. Wiley recuerda que su vida cambió cuando tenía 8 años y supo que su padre era «un alcohólico furioso» y que por eso no podía verlo tan a menudo como le gustaría. Ese día su madre le dijo: «Tiene un terrible problema con la bebida, no puede parar». En ese momento entendió muchas cosas de su niñez. Nunca fue maltratado por su padre pero mentalmente se vio afectado. A pesar de todo, el pequeño Jake seguía manteniendo cierta admiración por su padre. Jeff conseguía empleos que perdía en un mes por sus problemas y un día decidió abandonar California rumbo a la casa de sus padres en Newport, Washington. En ese momento, Jake no iba regularmente a clase, no podía competir porque sus notas no alcanzaban el límite permitido y su talento atlético se estaba perdiendo. Y a pesar de la oposición de su madre, decidió marcharse con su padre a la ciudad de sus abuelos.

Vivían en un ático de un casa de unas dimensiones parecidas a la habitación de un hotel. Después de unos meses de cierta calma, su padre volvió a beber y se intentó suicidar en varias ocasiones. Cuando ya había empezado su rehabilitación, la abuela de Jake falleció y su padre no pudo soportarlo. Se había ido la única persona que le apoyaba incondicionalmente, y finalmente días después una mañana amaneció muerto. Ese día, el 6 de febrero de 2011, Wiley ocupaba la portada del periódico local, compartiéndola con la Super Bowl, gracias a su gran partido con Newport HS. Un nuevo golpe que superó apoyado por su abuelo John. De nuevo volvía a remontar y llegaba a la Universidad de Montana. Un sitio donde nunca se adaptó. Después de un primer año horrible con 1 puntos y 3 minutos de media, y una humillante derrota ante Syracuse, decidió dejar el baloncesto. Estuvo un año parado, dedicado al atletismo en pruebas de 200, 400 y relevos, y trabajando limpiando platos por 7 dólares la hora. No tocó un balón desde septiembre hasta marzo, pero viendo los partidos de las finales de la NCAA en la TV el gusanillo le volvió a picar y decidió volver.

Lewis-Clark State le acogió y comenzó a destacar cuando su novia desde los 14 años, Brittany, que tenía tres trabajos para poder mantenerse, se quedó embarazada. Con 20 años, Wiley se planteaba volver a dejar el baloncesto para darle a su hijo lo que él no había tenido: un padre. Pero decidió seguir. Trabajaba en una gasolinera y entrenaba en el gimnasio de una reserva de nativos americanos donde también trabajaba. Todo parecía ir bien de nuevo cuando su abuelo falleció. A los pocos días su mujer se ponía de parto. Un parto muy complicado donde estuvo a punto de morir. Al final salvó la vida y la pequeña Aliya vio la luz de este mundo. Con Aliya, su suerte pareció cambiar y con pocas horas de sueño y mucho trabajo pudo salir adelante en el baloncesto y sacar adelante a su familia. Olvidado en el draft sí pudo debutar en la NBA con los Brooklyn Nets y con 25 años busca abrirse camino en Europa como un jugador determinante. «Es como Denis Rodman con tres centímetros menos», dijo su entrenador en la universidad. En menos de seis años vivió en 4 estados, fue a tres universidades, jugó a tres deportes y perdió a muchos de sus familiares más queridos. Wiley es un ejemplo de superación que junto al Gran Canaria pondrá a prueba el sábado al Unicaja de Luis Casimiro. Un equipo triste que en el último mes ha tirado por tierra casi todas las ilusiones de los aficionados malagueños después de su adiós a la Copa y la Eurocup a las primeras de cambio. Suerte...

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