21 de marzo de 2019
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Málaga de un vistazo

No hombre, no

21.03.2019 | 05:00

En la mañana de ayer me enteré de que cerraba Doña Mariquita, ese bar de Uncibay. Ha sucumbido. Doña Mariquita muere, como muere el comercio tradicional de nuestra ciudad. Pondrán una franquicia, un irlandés, un puesto de pizzas 24 horas€

El parque temático no quiere más churros tradicionales, no quiere más máquina registradora histórica, no quiere tanta autenticidad. Doña Mariquita abruma por eso. Entrar en su baño, sentarse en sus tres o cuatro mesas interiores, saludar a la parroquia. Qué lástima. En paz descanse.

En Doña Mariquita he desayunado muchas mañanas con mi padre y Rafael Vidal. Pero no desayunaba con ellos, estar allí era desayunar con Málaga y en Málaga. Los ratos de Vigar, Artacho, Domi del Postigo o Guillermo Díaz. Las mañanas de los vendedores de cupones haciéndose la competencia, los minutos de: «Marqués, límpiate esos zapatos» del limpiabotas con más experiencia que años.

Málaga se nos muere, se nos muere a chorros. Se nos queda huérfana, porque Doña Mariquita era un reducto, una fortaleza, un sitio sin paella precocinada, un bar de desayunos, con sus churros calentitos, con sus camareros en manga corta en pleno mes de diciembre: «Entre que entras, y sales, con el calor que hace dentro, al final no hace falta más».

Los echaré de menos; los echaremos de menos. Seguiremos demoliendo edificios, cerrando comercios históricos que no caben en una ciudad gentrificada. Podremos sobrevivir a la caída de los edificios sólo si somos capaces de mantener los recuerdos. Pero todos necesitamos poner domicilio a los recuerdos, pero estamos en el camino de vivir bajo un puente sin memoria.

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