30 de marzo de 2019
30.03.2019
Porque hoy es sábado

Málaga sin Málaga

30.03.2019 | 05:00
Mañana amanecerá cerrada también la cafetería Doña Mariquita.

Málaga está cerrando por derribo. Quienes aquí vivimos, vivimos ya en otra ciudad. Una que se parece a otras y que también es Málaga. Una ciudad que crece flamante, artificial, brillante, ortopédica, exitosa. Una ciudad franquiciada que ya no es de los malagueños (aunque los malagueños tampoco estuvieron nunca mucho por su ciudad). Una ciudad del dinero y los turistas que comen esas paellas congeladas que sólo defienden quienes las venden. Pronto comerán espetos de plástico, de sardinas con toallitas en la barriga o de sardinas chinas. Pero, dónde se los comerán, si Málaga está cerrando...

El Cabra

Cerraron el Caleño, El Cabra, El Lirio, y antes habían cerrado otros restaurantes de barrio de playa en un Pedregalejo que cada vez huele menos a sardina y a brasas (y si seguimos retrasando el saneamiento integral, pese al atraco del autonómico canon de depuración en los recibos de Emasa, cualquier día ni Huelin, ni Pedrega ni El Palo huelen ya a mar). Como cerrará algún día el restaurante Chinitas en el Centro Histórico (cada vez menos histórico y más un decorado tras cuyas puertas y ventanas florecen apartamentos turísticos sin alma de vecindad). Cerrará el Chinitas como cerró aquel café cantante hace algo más de medio siglo, y como cerró la tienda de tejidos de la familia Romero de la Cruz que recreó en su primera planta lo que el sitio fue.

El boquerón de plata


También hace décadas que cerró El Gallo, donde mi madre nos compraba a peseta un vaso de agua que salía de grandes garrafas de cristal verde cuando nos llevaba al centro de la mano a mi hermano y a mí. No hace tanto cerró La Churrería, que en calle Cisneros intentó sobrevivir al largo churro de cafés franquiciados que han brotado en el centro de la ciudad. Como se perdieron los pinchitos de Yudi, en el inicio del parque, y el quiosco de la Plaza de la Marina y la cafetería Viena y todo lo que los nostálgicos quieran nostalgiar (un verbo que debería existir). Como también cerraron en el centro La Mar Chica o El boquerón de Plata (donde mi padre se pedía siempre una caña y me daba a mí la tapa). Como hace mucho menos, en 2008, cerró La Cosmopolita, la cafetería de calle Larios que llevaba casi sesenta años abierta. Y en frente cerró el coctelero rincón Ricardo, donde tenías que irte al portal de al lado para poder mear en un minúsculo excusado. En Málaga es muy fácil cerrar.

Bye, Doña Mariquita


Mañana amanecerá cerrada también la cafetería Doña Mariquita. La plaza de Uncibay, nunca afortunadamente reformada, se mantenía disfrazada de ciudad viva con el trasiego de parroquianos entre las sombrillas y las mesas y las sillas que olían a churrería de antaño. Ahí la terraza nunca estorbó. Como quizá no estorbaría el proyectado rascacielos del puerto en otro lugar que no fuera el puerto, ese horizonte azul que aún le queda a Málaga por el morro de Levante. Antonio, un tipo entrañable, nos ha servido los mejores churros, hasta ayer, a quienes hemos compartido allí amistad, desayuno y tertulia. A partir de ese momento, el día ya sólo podía empeorar. El café nos lo servía Pepe, grande en su sencillez de camarero de los de antes. Pepe con su andar achiquitado y sus peroratas cargadas de ingenio y de acento de aquí, aunque esto cada vez sea más un allí. Quienes íbamos al Doña Mariquita, sabíamos que era ya ese paréntesis malagueño que cada vez formaba menos parte de la frase que crecía a su alrededor, esa Málaga sin Málaga. La última palabra le salió al Doña Mariquita hace unos días a su izquierda, una terraza más sobre un trozo de moqueta roja que parece un teatrito donde se recreara un cachito de Irlanda: Old Town, Irish Pub. La suerte estaba echada...

Old town


Que se llame «vieja ciudad» el franquiciado pub de estética británica que te inauguran al lado es un casual e irónico no va más. He ido anotando el recrecimiento hostelero que ha ido depredando, y lo va a hacer aún más teniendo en cuenta algunas obras, la finiquitada Plaza de Uncibay. Además del bar de copas Old Town, tenemos «El buen culín. Sidrería asturiana»; y aunque es más que verdad que Asturias es patria querida por todos, no aporta mucha idiosincrasia al rincón (como no lo aportaría El Chanquetito alegre a las plazas de El Fontán o De la Escandalera en Oviedo), pero pase. Junto a «El buen culín», brotó no hace mucho el franquiciado asiático UDON. Noodle Bar. Frente por frente al hueco que deja Doña Mariquita «Piu Pizza. 24 Horas», en los bajos del edificio que fue el Málaga Cinema, junto a la discoteca Andén y otro lugar de copas denominado «Santuario» que ya sólo es otro local por franquiciar en el que hay un cartel de «Se Alquila». 45 grados al sur hay otro bar que se llama Tragatapas, dejando en evidencia su personalidad gastronómica. Y la esquina con la calle Calderería, también en obras, y según me dice uno de los albañiles, será otra pizzería. Sobrevive la confitería Aparicio. «Sabor antiguo», reza en su entoldado. Lo que ya no queda en Málaga... Porque hoy es sábado.

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