07 de abril de 2019
07.04.2019
Tierra de nadie

Serenidad

07.04.2019 | 05:00
Serenidad

El estado de ánimo de nuestros líderes debería ser una representación del nuestro. Lo curioso es que ellos se muestran más enfadados que nosotros. Los ciudadanos, pese a nuestras diferencias, convivimos sin malas caras. Asistí el otro día a un almuerzo en el que había partidarios del PP, de Ciudadanos, del PSOE y de Podemos sin que nadie arrojara el contenido de su copa al rostro del vecino en un arranque de ira. Cada uno opinaba tranquilamente desde su posición y los demás asentían o negaban sin necesidad de hablar con la boca llena. Nadie del PP decía al del PSOE, pongamos por caso, que era un traidor capaz de destruir España por intereses personales. Salí del almuerzo y di un paseo por una calle muy animada en la que los transeúntes se trataban con educación, con cortesía incluso. Los automovilistas se detenían frente al paso de cebra al advertir el mínimo movimiento peatonal en sus alrededores, y los semáforos, por cierto, funcionaban. Pasé por delante de cincuenta o sesenta y ninguno de ellos se encontraba estropeado. Según pude averiguar, los trenes circulaban con normalidad y los aviones despegaban y aterrizaban a su hora sin incidentes reseñables.

A ver, no es que no hubiera problemas. De hecho, abundaban, pero los contribuyentes mostraban ante ellos un grado de tolerancia que uno no veía en sus representantes. Por la noche estuve escuchando un rato a Casado y me pregunté qué rayos le pasaba. Tiene una familia agradable, gana un buen sueldo, le va bien en la vida, en fin. Debería estar más calmado. Y lo que sirve para Casado sirve, por poner otro ejemplo, para Iglesias. Más de la mitad de este país sueña con una casa como aquella en la que vive él, donde puede darse un baño en la piscina antes de preparar la cena de los niños. Podría mostrar un poco de alegría por los objetivos alcanzados.

No es normal que la ciudadanía, vapuleada por tirios y troyanos desde los comienzos de esta estafa continuada que llamamos crisis, muestre más serenidad que quienes tienen la vida y la jubilación resueltas porque usted y yo somos así de generosos con los impuestos que pagamos. Discutan ustedes entre sí, pero de forma civilizada, a ver si logramos entender lo que dicen.

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