19 de mayo de 2019
19.05.2019
Tierra de nadie

No funcionará

Sabemos que el mundo está lleno de ausentes que se fueron a por tabaco. Cuando fumaba, cada vez que iba al estanco de mi barrio a por un paquete de Winston, pensaba seriamente en la posibilidad de no volver

19.05.2019 | 05:00
No funcionará

Los seres humanos hacen cosas estúpidas. Se mueren, por ejemplo. Vienen muriéndose con una tenacidad digna de mejor causa, como suele decirse, desde tiempos inmemoriales. Ponen tanto empeño en ello que no se sabe de ninguno que haya sobrevivido a cierta edad. Y lo hacen de las formas más variadas que imaginar quepa. Se mueren de viejos, de cáncer, de un disparo en la boca o en la sien, de un resbalón, de risa, de la caída de una teja, pero también de asco o de tristeza. Ese mismo ahínco es el que los obliga a repetir la jugada. O sea, que vuelven a nacer prácticamente de inmediato como para comprobar si en esta ocasión les volverá a ocurrir lo mismo. No es raro, pongamos por caso, que mientras agoniza el abuelo en casa, nazca el nieto en el hospital, ni que al recién alumbrado se le ponga el nombre del difunto.

-Morirse -dice un anciano a otro en el bar en el que desayuno- es como ir a por tabaco.

Sabemos que el mundo está lleno de ausentes que se fueron a por tabaco. Cuando fumaba, cada vez que iba al estanco de mi barrio a por un paquete de Winston, pensaba seriamente en la posibilidad de no volver.

En mi casa, cuando yo era pequeño, se hablaba de un hermano de mi padre que había desaparecido. Pero nunca lo expresaban de este modo. Decían de él que se había ido a por tabaco. Me costó mucho entender la expresión, de modo que la interpretaba de forma literal y, cuando pasaba cerca de un estanco, miraba a los hombres que entraban y salían, por si descubriera a mi tío y le mostraba el camino de vuelta. Me imaginaba siendo aplaudido por el resto de la familia como un héroe.

Un día, cuando ya había alcanzado la edad de entender el doble sentido de las palabras y las frases, nos llamaron de Argentina para comunicarnos que mi tío se había muerto en Buenos Aires. Nos lo anunció la mujer con la que vivía, de la que enseguida supimos que era idéntica a la que había abandonado en España.

El viejo que acaba de decir que morirse es como ir a por tabaco añade ahora que él ha dejado de fumar para no ir al estanco.

-No creo que funcione -responde su interlocutor.

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