20 de mayo de 2019
20.05.2019
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Crueldad y cursilería

20.05.2019 | 05:00

Me niego a aceptar que la enfermedad dé altura moral ni profundidad intelectual. Me niego a confundir el reconocimiento y la empatía que le debemos a quien tenga la mala suerte de sufrir graves problemas de salud con una benevolencia condescendiente que nos haga ver una aureola de sabiduría en sus palabras. El otro día El hormiguero ofreció una entrevista al escritor Albert Espinosa, una retahíla de la peor cursilería nacida del más dañino pensamiento Mr. Wonderful. Espinosa sufrió varios cánceres en su juventud que le dejaron importantes secuelas. Y eso hace que lo que hubiera abochornado a cualquiera lleve a Pablo Motos al éxtasis místico. Las personas pueden tener buena salud y decir cosas sensatas, buena salud y decir tonterías, mala salud y decir cosas sensatas, y mala salud y decir tonterías. La frase «si se puede vivir con una sonrisa, ¿por qué vivir sin esa sonrisa?» es una bobada hueca, la diga un atleta o un niño enfermo. Oír «en la vida todo es posible; si crees en los sueños ellos se crearán, porque el creer y el crear están sólo a una letra de distancia» da vergüenza ajena incluso en una canción de Fito y Fitipaldis. La frase «en esta vida nunca hay que tirar la toalla, y para eso lo mejor es no tener toalla» no tiene ni pies ni cabeza al margen de los cánceres que haya sufrido quien la pronuncie. A muchos les parecerá que esta columna es cruel. Y se equivocarán. Es profundamente compasiva hacia el sufrimiento humano y está profundamente indignada por su barata explotación comercial por parte de la industria del entretenimiento. La crueldad, como es frecuente, está precisamente en el otro lado, donde no lo parece: en confundir la ternura con la mentira, en la autocomplacencia facilona, en ese ejercicio mezquino de meter la puntita de un dedo en el horror de la vida, sacarla antes de que duela, y repantigarse el resto de la noche en el sofá convencidos de haber cumplido ya con la buena acción del día. Nada hay más cruel que el infantilismo. Y nada más incómodo que tener que escribir columnas como ésta.

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