22 de mayo de 2019
22.05.2019
Tribuna

Emmanuelle y los chalecos de encaje

22.05.2019 | 05:00

'Emmanuelle' ha sido una de las películas más importantes de la historia del cine erótico. La verdad que los argumentos no son remarcables, pero esta serie de películas supo explotar la gran represión sexual que existía (y sigue existiendo) en muchos países. Recordarán que cuando Canal+ llegó a España en su programación de pago emitían películas X y que había personas que las miraban encriptadas, con una especie de ruido blanco espacial que impedía que la visualización fuese la correcta. Pero las ganas eran tan grandes, el gradiente tan enorme, que me imagino que los susodichos desarrollaron en su cerebro unos algoritmos de filtrado de ruido que les permitía reconstruir las escenas y gozar como posesos. Emmanuel es también el presidente de la República francesa, un BCBG educado en las grandes escuelas de política (Sciences-Po) y administración (ENA) y doctor en Filosofía por la Universidad de Nanterre, dirigiendo los destinos de uno de los países más poderosos del mundo. Macron es el resultado del colapso del partido socialista francés, que ha quedado reducido a cenizas, y de todos los casos de corrupción de los partidos republicanos, después del paso por el poder de personajes como Sarkozy o Hollande. Dos estilos muy diferentes, pero con el mismo resultado: cargarse la confianza en «la grandeur de la République». La inutilidad es un problema que admite infinitas soluciones. De eso sabemos mucho en la universidad. En el primer caso, Sarkozy utilizó el Estado como ses toilettes y rompió ese espíritu De Gaulliano que consideraba la república como un ente sagrado. Sarkozy fue un luchador de Valetudo, un rufián (aquí hay diputados del mismo nombre) de las cloacas del Estado, un vouyou, un petit Napoleón del estiércol. Los aristócratas franceses (les rescapés de la guillotine) siempre se mantuvieron en un segundo término, manejando. En cuanto a Hollande, encarnó el estilo contrario, demasiado débil (mou) y con un balance económico negativo. Los franceses se cansaron de sus promesas irrealizables y de una economía rococó que no resolvía la crisis de las familias. Recientemente dos periodistas que lo siguieron escribieron: «Un président ne devrait pas dire ca», en el que se relata la falta de formación y diplomacia de un presidente que pasó toda su vida confabulando en el partido socialista francés, una jaula de grillos tan enorme como el PSOE español, que siguió una historia paralela, llegando a su punto álgido con la elección de Zapatero, un isótopo de desintegración de la época post-González. En octubre de 2018 se produjo la primera manifestación de los 'Gilets Jaunes', un movimiento espontáneo organizado a través de las redes sociales inspirado en el 15M, que se manifestaba contra el aumento del precio del petróleo (TICPE). Rápidamente las reivindicaciones se extienden a otros terrenos, incendiados por el aumento de los impuestos sobre las pensiones y la supresión del impuesto sobre las grandes fortunas (ISF). Estas medidas, junto a la personalidad distante y un tanto intransigente del presidente, y una sarta de frases que demuestran su desapego de la realidad, crearon un cóctel molotov. Mambo número 6 o de la psicopatía: 1. Se permitió decir a un parado de larga duración que para encontrar trabajo solo tenía que cruzar la calle; 2. Espetó que los franceses son refractarios al cambio; 3. Que el Estado invierte una fortuna en mínimos sociales (minima sociaux), frase filo-racista; 4. No cederé ante vagos cínicos; 5. Algunos antes de armar follón deberían buscar trabajo. 6. Los chalecos no valen nada€, que recuerdan al estilo Sarkozy y su 'racaille' cuando era ministro del Interior, y demuestran su desconocimiento de la realidad social en Francia, con parte de la clase trabajadora que no llega a final del mes: todos futuros votantes del FN. Los 'chalecos amarillos' son mucho más que un movimiento de indignados, son una gran familia de desheredados de la République, que desean la dimisión del que denominan presidente arrogante de los ricos, impulsado al poder por la banca Rothschild. Macron no se salva de más de un escándalo económico, 'la magouille' como dicen los franceses. Es un caso similar al de Luis de Guindos, un especialista es abandonar el barco antes de que se hunda. Paralelamente los 'Black-blocs' ('les casseurs'), que creen que la única manera de cambiar el sistema es la violencia. Son grupos organizados, cuyo objetivo no es el saqueo, sino la destrucción de un sistema capitalista que repudian y combaten. Estos grupos ya eran muy activos cuando Valls era primer ministro. La democracia en Europa y los sistemas neoliberales que la controlan (véase por ejemplo el pasado de 'Juncker- le soulard') han llegado a tal punto, que desgraciadamente, si nada cambia, veremos más reyertas sociales de este tipo. Es necesario terminar con paraísos fiscales como Montecarlo, Andorra, Luxemburgo, Mónaco, Irlanda. No se puede exigir sin dar ejemplo. Ocurrió en Francia con el Sr. Bernard Cazeneuve y ocurre en España con algunos políticos y las puertas giratorias. El PSOE en España parece haberse recuperado de la quema sin mucho merecimiento, a mi entender. Además el adversario estaba herido de muerte y proponía un país cavernario. Fue como ganar una carrera de cojos (con perdón). Ahora es el turno de Pedro el guapo: «cuando veas las barbas de tu vecino pelar...». Una cosa es predicar y otra dar trigo. Los votantes están al acecho y esperan que a las ranas le crezcan los dientes.

*Fernández es catedrático de Matemáticas

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