23 de mayo de 2019
23.05.2019
Al margen

Somos adictos al teléfono

23.05.2019 | 05:00

No quiero ser injusta con la tecnología, pero la verdad es que a veces es una dama de parco escote. No hay elección, la necesitamos para todo, somos la obediencia viva de ella, fíjense si somos sumisos que viene con nosotros a todas las partes. Hombre, lo de llevarse el móvil al baño, ni tan mal, mientras uno hace 'sus cosas', puede estar escuchando una canción en Youtube. No es mal plan; antaño íbamos al escusado con la primera revista que teníamos a mano. Ay, la historia humana como evoluciona...

Hace pocos días he acudido a una cena; una cena silenciosa. No, no era un restaurante místico, los 'místicos' éramos los comensales. Las viandas maravillosas, me quedo corta, extraordinarias, antes de llegar a los postres me puse a hablar con las ancas de rana. Sí, las únicas que estaban abiertas y receptivas. Recuerdo bien la conversación, hablamos de sapos y de algunas culebras.

¿Para qué quedamos a cenar? Nuestro mundo gira en torno al móvil, no pensamos en lo lamentable que es tener a una persona enfrente y no dirigirle la palabra. A día de hoy sólo tenemos en cuenta lo que nos entra por el aparato (no sean mal pensados) me refiero al móvil...

Otra cosa curiosa de la tecnología son las aplicaciones para encontrar el amor. En mi época (soy cosecha del 69) lo encontrábamos en un momento. ¡Y sólo teníamos una cabina 'pa todos'. Ya se ven pocas, ellas sostuvieron la comunicación de muchas generaciones: conquistaron, reconquistar y auparon dos grandes palabras: amor y amistad. Ahora todo depende de los megas, el agujero por el que estamos lanzando las verdaderas raíces de la comunicación humana. Así son las cosas...

Evoquemos por un instante la vida de antes, no cabe duda que existía más diálogo, además los afectos se vivían de otra manera, estamos cometiendo un soberano error: idealizar la tecnología y la virtualidad.

La aventura de vivir no es estar frente a una pantalla, la vida es la mayor satisfacción que podemos tener. Con un poco de voluntad podemos recuperar viejas costumbres. Existen mil suplicios; pero afirmo sin ninguna duda, que uno de los peores es la soledad impuesta. Hemos pensado que la tecnología nos une, y claro que nos une, a día de hoy somos millones de soledades unidas entre sí, pero torturadas por el vacío que genera la distancia. ¿De qué sirve elevar un sentimiento a la categoría de amor, si lo más que podemos hacer es darle besos a la pantalla del móvil? O lametones, si los preferimos con lengua...

Nuestra esencia nos abraza; dominar un yo para ser 'otro' es regalar nuestra suprema felicidad.

Ser uno mismo nos puede distanciar de aquellos que quieren arrebatar nuestra esencia.

Durante la vida tendrás un fiel amigo: tú. Toma tu brazo, besa tu mejilla y abandona los lugares que para quererte, te exigen ser alguien distinto al que eres.

Hace poco escribí tres reflexiones, son las siguientes:

-Llegará un día que me perderé en el tiempo y contemplaré que con la fuerza de la voluntad sólo puedo estamparme contra los recuerdos.

-La tierra se quedará con nuestros restos.

-El hombre no tiene nada, por no tener no tiene ni su vida.

-La auténtica humildad consiste en ver la naturaleza real de las cosas.

Con ellas me voy, dejaré el teléfono en un cajón y asistiré con disposición de diálogo, a todos los lugares que vaya. Además me comeré a besos a todas las personas por las que siento cariño y afecto.

Adiós, teléfono: disfruta de tus vacaciones.

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