25 de mayo de 2019
25.05.2019
Al azar

El gobernante austríaco que se creyó el mito ibicenco

25.05.2019 | 05:00

El Mossad israelí encargó a una agente que sedujera a Husein de Jordania, para así acceder a las entrañas del reino hachemita. La honey trap o trampa de miel se desarrolló con tan mala fortuna que el monarca se enamoró perdidamente de la espía judía. El servicio secreto se encontró con un problema que anulaba los beneficios de la operación. También la Stasi germanooriental se arrepentiría de que el descubrimiento de la infiltración de un estrecho colaborador de Willy Brandt conllevara la dimisión del canciller alemán.

De ahí a la vecina Austria, donde el vicecanciller Karl-Heinz Strache dimitió de número dos del Gobierno y de presidente del partido de ultraderecha moderada FPÖ, hundiendo de paso al ejecutivo de su país. El seísmo se produjo tras difundirse seis horas de vídeo, durante las que allanaba las presuntas inversiones de 250 millones de euros de una todavía más presunta magnate rusa, Alyona Makarova. El gobernante lenguaraz alternaba con la beldad utilizada como señuelo en una mansión ibicenca a mil euros la noche, durante el verano de 2017.

El malogrado Strache olvidó que lo que pasa en Ibiza no se queda en Ibiza, porque la proyección planetaria de la isla ha sido capital en el eco de las conversaciones comprometedoras. Las denominaciones de Ibizagate, affaire Ibiza o escándalo Ibiza demuestran bien a las claras el protagonismo insular. Los periódicos sensacionalistas se han apresurado a organizar concursos para que sus lectores puedan disfrutar de una estancia en la villa del pecado, donde se instalaron hasta media docena de cámaras comprometedoras.

La caída de Strache no se debe a su locuacidad sobre las concesiones de obras públicas o el sacrificio masivo de periodistas hostiles. Se ha precipitado al vacío por haberse creído el mito ibicenco, un paraíso en que los excesos cursan sin consecuencias. De hecho, el ultraderechista austriaco se refugió en este sueño frustrado para justificar su largometraje. Además de prometer querellas a los villarejos responsables del montaje, se esforzó por vender la imagen de austrian lover que exageraba para seducir a una bella rusa.

El impacto del Ibizagate no ha dejado exentos al semanario Der Spiegel ni al diario Süddeutsche Zeitung, los dos medios que propagaron el vídeo letal. Ambas cabeceras han efectuado un examen de conciencia sobre la difusión de los excesos etílicos de una noche de verano. Tras ponderar su acomodo a los estándares periodísticos, se han amparado bajo la premisa que corona la cabecera del New York Times, y que promete "todas las noticias que es adecuado publicar".

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