29 de mayo de 2019
29.05.2019
La Opinión de Málaga
Al margen

Somos igual que las películas

A determinada edad la ruta del amor está instruida por la prisa, la continúa sensación de ganas de marchar, de perder la tierra firme

29.05.2019 | 05:00

Nos pasamos la vida macerando influencias que por su composición muchas veces no pueden ser deglutidas. Existen muchas atenuaciones, pero creo que eso sería castigar al tiempo y por lo visto, no tenemos mucho. No, no podemos ofrecernos a todo el mundo, somos igual que las películas: cada uno tenemos nuestro público. La vida de cada día es secuencia de aproximación, pensamos que todo el mundo merece nuestra atención y luego pasa lo que pasa.

En la misericordia solo puedo reconocer a dioses, pero nunca a hombres de genio.

Creo que todo aquello que no es conquista de afinidad llama con insistencia a la decepción. Hasta que un día llega y llega con el idealismo debilitado dispuesta a decir adiós. ¿Qué es lo que une? ¿La mente o el cuerpo? En determinados momentos nos asalta la fantasía e inmediatamente nos vemos navegando por las aguas de la ilusión. Sí, a determinada edad la ruta del amor está instruida por la prisa, la continúa sensación de ganas de marchar, de perder la tierra firme y navegar en los mares de los enamorados. Ya saben a los que me refiero... Me niego a ponerme ñoña (sonrío). Es imposible presentar una síntesis a la primera de cambio. La mayoría de los sentimientos nacen de la idolatría y con el tiempo, a través de la cercanía se convierten en herejes. Dicho lo dicho, les voy a contar algo que me han contado a mí...

Piluca es una chica que conozco, no en persona, es una seguidora mía. Hace pocos días me escribió contándome su historia, es un poco larga, pero intentaré resumirla. Hace un año fue a un crucero de singles, allí conoció «al hombre de su vida» al principio según su relato «era un hombre maravilloso y afectuoso». Al poco tiempo decidieron irse a vivir juntos, ella se traslada de Santander a Cádiz, y allí inician una vida en común. Con la convivencia se fueron conociendo, y por lo visto, Piluca se empezó a dar cuenta de que no tienen nada en común. Es más, pasa la mayor parte del día sola y de la noche también. Por lo visto él prefiere estar en el bar con sus amigos que con ella. Y así cada día... Su relato es más largo, pero lo esencial es lo que acabo de escribir. A veces, en un absurdo instante de cariño, vemos el ofrecimiento de una vida en común, sin pensar que lo que une a las personas es la afinidad y el respeto. La presencia, muchas veces, es imitación de alegría que se precipita contra el tedio y el aburrimiento.

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