10 de junio de 2019
10.06.2019
360 grados

Una elite «borracha de nacionalismo»

Basta visitar la abadía de Westminster, donde se han erigido estatuas en honor de grandes hombres que en realidad son, según el profesor Danny Dorling, «carniceros de hombres»

10.06.2019 | 05:00
Boris Johnson.

Los principales impulsores del brexit son una elite de la peor especie, «borracha de nacionalismo», formada en la tradición del Imperio británico y que «sigue ensalzando hasta hoy los crímenes del colonialismo».

Tal es la opinión que le merecen al profesor de geografía social de la Universidad de Oxford Danny Dorling gentes como Boris Johnson, Jacob Rees-Mogg y otros embaucadores que pertenecen al 5 por ciento más ricos del país (1).

El candidato con más posibilidades de suceder a Theresa May al frente del Gobierno, el cínico Boris Johnson, es, afirma Dorling, un «político peligroso por carecer de principios y de brújula moral».

Se ha relacionado la victoria del brexit en el referéndum convocado por el anterior primer ministro tory con la nostalgia del antiguo imperio británico, que, si ya no en la realidad, subsiste al menos como idea.

No hay que olvidar, explica Dorling, que «el Reino Unido se creó cuando se vio con claridad que los españoles, con sus buques cargados de oro, estaban a punto de dejarnos atrás».

Fue en ese momento cuando «dejamos de combatirnos entre nosotros para pelear juntos contra los españoles y garantizarnos un pedazo mayor del globo», agrega el profesor.

Al mito del imperio contribuyó también el hecho de no haber sido nunca sometidos por potencias extranjeras. En la Segunda Guerra Mundial, el Reino Unido formó parte del bando triunfante, lo que permitió reescribir la historia y producir numerosas películas bélicas.

Dorling pone varios ejemplos de cómo el mito imperial ha servido para encubrir una sangrienta realidad: así, la llamada sala Palmerston, del colegio de Oxford donde él da clase, lleva el nombre de uno de los primeros ministros británicos «más viles» de la historia de ese país.

Lord Palmerson «es responsable de las dos guerras del opio con China, que uno de sus sucesores, William Gladstone, calificó como las inmorales de la historia de la humanidad», explica Dorling, quien se pregunta si en Alemania, por ejemplo, podría bautizarse una sala con el nombre de un general de la Wehrmacht.

Basta también visitar la abadía de Westminster, donde se han erigido estatuas en honor de grandes hombres que en realidad son, según el profesor de Oxford, «carniceros de hombres» en su inmensa mayoría.

En los home counties, los condados que rodean a la capital británica, viven hoy personas que descienden de la gente que trabajó en la administración colonial en India y que, al volver a Inglaterra, recibió como recompensa «una casita con jardín».

Eso en el sur de Inglaterra. En cuanto al norte, las grandes ciudades industriales como Manchester o Liverpool se enriquecieron gracias al comercio de esclavos o a otros sectores de la economía muy rentables dado que podíamos dictarles a las colonias nuestras condiciones.

Y si hace aproximadamente medio siglo, el Reino Unido decidió ingresar en la Unión Europea fue sólo porque el país estaba muy debilitado económicamente ya que, entre otras cosas, la India se había independizado y no se la podía obligar a comprar la tela de algodón que se fabricaba en Manchester.

Si se produce finalmente un «brexit duro», dice Dorling no sin ironía, la única salida para Gran Bretaña es convertirse en un paraíso fiscal, «algo en lo que tenemos ya experiencia pues la mayoría de las ya existentes –las islas Caimán, Guernsey y Jersey, la isla de Man– pertenecen al Consejo Privado» de la Corona.

Y sería el fin de esos otros paraísos fiscales, añade, porque «si fuera posible hacer ese tipo de turbios negocios directamente en Londres, ¿para qué íbamos a ir a cualquier otra parte?».

(1) En declaraciones al semanario alemán Der Spiegel

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