18 de junio de 2019
18.06.2019
Pantallazos

Misterio y armonía

18.06.2019 | 05:00

Germán: «No somos nada porque lo somos todo. Me ha costado 73 años llegar a esa certeza. Más vale tarde que nunca. Hace dos inviernos que estoy con la mujer de mi vida, así que estoy doctorado en cumplir sueños cuando la mayoría los ha cancelado. Y fue un lustro atrás cuando descubrí que lo que más feliz me hace es buscar un paisaje escondido, desplegar mis bártulos de pintor mediocre y dejar que el tiempo no pase mientras intento capturar en el lienzo lo que me sugiere la Naturaleza. Sin prisas, con muchas pausas, sin ambiciones, sin renuncias. Confieso que dediqué la mayor parte de mi vida a cosas que no valían la pena, aunque, bien mirado, quizá todas ellas fueran necesarias para llegar a este punto de serenidad no exenta de incertidumbre. No sé cuánto durará porque los achaques de salud se han encaprichado conmigo (me tenían ganas por presumir tanto de no haber sufrido ni una gripe), pero si algo bueno tiene cumplir edades es que dejas de pensar en el futuro y la única hoja de calendario que te importa empieza cada mañana. En blanco. Hace unos meses, un amigo que ya no está (y que me compró varios cuadros horribles por un euro, siempre fue un gastizo) me invitó a la última cena. Hablamos largo y tendido, como siempre, de nuestra común devoción por el cine de caspa y espada (cuanto peor, mejor) sabiendo que nunca más volveríamos a reírnos juntos de los disparates cinematográficos que nos afanábamos por compartir. Al final, varios chupitos después, nos permitimos un único instante de sentimentalismo. Nos abrazamos. Ni se te ocurra dar el pésame a mi mujer, me advirtió, dale la enhorabuena. Y nos reímos por no llorar. Pero cumplí su deseo y su mujer, que ahora es la mía, sonrió antes de refugiarse en mis brazos. Aquel temblor aún me emociona: hay tristezas que te salvan la vida. Y algunas ausencias te hacen ver la vida con ojos nuevos, como si se desvaneciera el vaho que la cubre después de tantos años de extravío. Y ahora, pintando un anochecer con nubes de miel y sangre, siento que todo lo que fui y todo lo que no soy fluye por un cauce de misterio y armonía».

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